domingo, 29 de julio de 2012

Green Hill


“SOS GREEN HILL”: ¡VICTORIA!




Liga Anti Viviseccionista, Italia, 23 de julio del 2012.

UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO EN LA LUCHA ANTIVIVISECCIONISTA Y POR LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES.

En los próximos días 2500 perros del criadero Green Hill podrán ser dados en adopción. La Fiscalía de Brescia ha dado a las asociaciones denunciantes -LAV (Liga Anti Viviseccionista) y Legambiente- la custodia judicial de los perros, los cuales podrán salir del criadero de vivisección. Las adopciones han quedado a cargo de dichas asociaciones, quienes ya han puesto manos a la obra para dar en adopción a los perros. 

Desde México, felicitamos a las asociaciones que han conseguido este gran logro y a toda la gente en Italia que estuvo luchando y continúa haciéndolo.

“Esperamos que -como afirmó la bióloga responsable del tema de la vivisección de la Liga Anti Viviseccionista de Italia- estos nuevos avances muestren claramente los horrores de la vivisección y lleven al primer plano las razones científicas y éticas que la combaten”, pues se trata de una victoria importante en la lucha contra la vivisección, un tema que hasta ahora parecía intocable.


¿QUÉ ES GREEN HILL?

Green Hill es un criadero de perros situado en Montichiari (Brescia) que produce beagles destinados a los laboratorios de vivisección de toda Europa. Dentro de estas instalaciones los beagles (como cualquier otra especie destinada a la vivisección) son criados en masa y sin llegar a ver jamás la luz del sol o poder pasear en un área abierta, mantenidos en el interior de jaulas de dimensiones exiguas, de las cuales salen únicamente para ser transferidos a su destino final: el laboratorio del cual sólo saldrán muertos.

Desde hace algunos años Green Hill es propiedad de Marshall Farm Inc., cuyo nombre es tristemente conocido en todo el mundo por ser la más grande productora de perros en el mundo.

Green Hill es el último criadero de perros destinados a la vivisección que hay en Italia.

¿POR QUÉ BEAGLES?

La experimentación animal es un fenómeno global involucra cerca de 150 millones de animales cada año, los cuales son utilizados y asesinados con fines pseudocientíficos.

Los perros beagles continúan siendo la raza más utilizada en los laboratorios de vivisección. Sin embargo, la elección de esta raza y no de cualquier otra carece de una verdadera base racional; el único elemento que tendría que ser decisivo, a saber, que el animal tenga características morfológicas, fisiológicas y bioquímicas aplicables al ser humano, no es tomado en consideración: se opta por este tipo de animales por su tamaño, su resistencia cardiaca, su temperamento dócil y su capacidad para vivir en grupo.

Las aplicaciones para esta especie de perros son muchísimas; estudios de toxicidad de sustancias de tipo industrial, sustancias de abuso como el alcohol o los estupefacientes, estudios sobre el cáncer, trasplantes de órganos, modificaciones genéticas, prácticas quirúrgicas, etcétera…

Todos estos tipos de experimentos se siguen llevando a cabo a pesar del evidente fracaso científico de la experimentación con animales. Pues como ha dicho el Dr. Pietro Croce:

“No existe un modelo experimental del ser humano. Todas las especies, todas las variedades de animales e incluso los individuos de una misma especie, difieren entre ellos. Ninguna experimentación realizada con una especie puede ser extrapolada a otra. La creencia de que esa extrapolación puede ser legítima es la principal causa de los fracasos, y en ocasiones de las catástrofes, que la medicina moderna nos inflige, especialmente en el ámbito de los fármacos.” (Vivisezione o Scienza: Una Scelta).

A pesar de las miles de opiniones de importantes científicos y de las pruebas reales del fracaso de la vivisección, este infame negocio sigue en pie para beneficio de una de las industrias más poderosas del planeta, la industria farmacéutica, la cual, con el apoyo del gobierno y la complicidad de los medios oficiales de comunicación nos siguen presentando este tipo de atrocidades como “un mal necesario”. 

Revista Tiempo Animal

Tordesillas 2012


SOLIDARIDAD CON LOS ACTIVISTAS EN TORDESILLAS Y EN CONTRA DEL TORNEO DEL TORO DE LA VEGA


¿QUÉ ES EL TORO DE LA VEGA?





Es una muchedumbre de salvajes que persiguen y acorralan a un toro mientras le hieren con lanzas hasta matarlo. Este infame y cruel espectáculo se celebra cada año en Tordesillas, España. Se celebra desde hace siglos y es considerado uno de los espectáculos taurinos más antiguos de España.



Se trata de otra de las salvajadas heredadas del viejo mundo y que se siguen perpetuando con la bendición de la Iglesia Católica.

Esta legión se salvajes pretenden seguir con sus infames exhibiciones a pesar de que la gente verdaderamente civilizada se opone enérgicamente a este tipo de salvajadas.

Atormentar y matar cobardemente a un animal indefenso no tiene justificación. Y estas bestias salvajes deben saber que no toleraremos más sus excecrables tradiciones. No debemos callarnos ni permanecer de brazos cruzados permitiendo que esta "gente" continúe adelante como si nada.

Estos espectáculos son una vergüenza mundial y no debemos tolerarlos. ¡Basta de tradiciones salvajes! ¡No más al espectáculo infame del Toro de la Vega!

Este año, en Tordesillas se llevará a cabo nuevamente este infame espectáculo. Varios activistas en España han tomado una resolución, y al margen de las organizaciones, intentarán ocupar Tordesillas para impedir la muerte del toro. Es importante recalcar que quienes organizan esto han hecho hincapié en que es un llamado a la desobediencia civil, no a la violencia.

Como una muestra de solidaridad con los ellos y en repudio a esta salvajada, en México protestaremos frente a la embajada de España. La cita es el 11 de septiembre a las 13:00 horas.

Lleva tus pancartas e invita a más personas que se sumen a este acto en solidaridad con los activistas en Tordesillas y en protesta contra la salvajada del “Torneo del Toro de la Vega”. 

Puedes sumarte al evento en Facebook:

Un video que muestra lo que se le hace al toro en este mal llamado “torneo”:

También agrega tu firma de repudio a este espectáculo:

lunes, 25 de junio de 2012

Prohibido el consumo de foie gras en California


PROHIBIDO EL CONSUMO DE FOIE GRAS EN CALIFORNIA A PARTIR DEL 1 DE JULIO.


Una noticia digna de leerse. A partir del 1 de julio el Estado de California prohíbe la venta y el consumo de foie-gras e ilegaliza "el comercio de cualquier otro producto derivado de patos y gansos cebados a la fuerza para producir el paté de hígado graso".

Mil felicitaciones al demócrata californiano John Burton -el legislador que diseñó esta ley- quién respondió así a los que intentan derogar esta medida: "Me gustaría hacerles comer grasa de pato y de ganso; o mejor, avena seca, metiéndosela en la garganta una y otra vez". Haciendo alusión al cruel procedimiento al que son sometidos los animales para la producción del foie-gras.

Aquí la noticia completa:

http://www.20minutos.es/noticia/1519151/0/foie-gras/california/aves/

Por favor, ayúdenos a difundir esta excelente noticia digna de ejemplo.

Revista Tiempo Animal

lunes, 11 de junio de 2012

CRÍMENES OCULTOS


Crímenes ocultos




La vivisección es un crimen” –Victor Hugo
“Es un crimen cotidiano que nos mantiene despiertos por la noche” –Dino Buzzati

La vivisección, término que se emplea para referirse a todo tipo de experimentos realizados con animales vivos (independientemente de que se haga un corte o no), es un negocio sucio y muy lucrativo en el cual, cada año, 500 millones de animales son torturados y asesinados. ¡Tan solo en los laboratorios de vivisección de Estados Unidos mueren 3 animales cada segundo! Animales de todas las especies son sometidas a todo tipo de torturas que pueden durar semanas, meses e incluso años. Es una actividad intolerable y monstruosa, es un crimen contra el resto de las criaturas animales y se mantiene en nuestros días ante la indiferencia de una sociedad ignorante.
Los vivisectores dicen que la aplicación de la vivisección es la extrapolación de los resultados obtenidos con los animales a la especie humana con fines terapéuticos. Sin embargo, médicos de renombre han afirmado que la vivisección es un método erróneo y anticientífico de investigación, porque existen diferencias fisiológicas, histológicas, anatómicas, y psicológicas que hacen que los resultados de los experimentos con animales no puedan extrapolarse al ser humano, por lo que la vivisección proporciona resultados engañosos que ponen potencialmente en riesgo nuestra salud y representan un obstáculo para el avance de la ciencia médica.
No obstante, los vivisectores afirman que electrocutan, queman, envenenan, mutilan, dejan morir de hambre y privan del sueño a los animales por el bien de la humanidad. Y la gran mayoría de la gente lo acepta mientras piense que no le afecta; creen que al fin y al cabo son animales y que si se puede obtener algo útil de ello, todo está bien.
A este respecto Mark Twain dijo: “No me interesa saber si la vivisección produce resultados que sean o no beneficiosos para la raza humana. El dolor que se inflige a los animales sin su consentimiento es la causa de mi enemistad hacia ella, y para mí es suficiente razón para justificar esta discrepancia sin más averiguaciones”. Una sociedad verdaderamente avanzada y humanitaria comulgaría con la misma opinión, y no habría lugar para otro tipo de discusiones. No obstante, nuestra sociedad que se dice a sí misma progresista y civilizada está cometiendo un holocausto de dimensiones espantosas contra seres que se encuentran totalmente indefensos ante los abusos a los que son sometidos por la especie dominante, y no solamente en el terreno de la vivisección, sino en todos los ámbitos de nuestra vida diaria: ¿Cuántos animales mueren cada segundo para que los humanos puedan comer carne, leche, huevos y miel? ¿Cuántos más para las industrias del cuero, la piel y la lana? ¿Y cuántos más para diversión de los humanos? Pero en esta ocasión nos centraremos en analizar la vivisección.
Ésta es una nueva forma de barbarie, que empezó a expandirse a mediados del siglo XIX, época en la cual fue establecida como método oficial de investigación, y su fundador fue Claude Bernard. Él convirtió lo que en otro tiempo fue una actividad aislada, practicada por unos cuantos, en un método de investigación “científico”. Desde esa época hasta nuestros días, la ciencia, una actividad propiamente humana, se ha visto manchada con la sangre de seres inocentes.
Pero a pesar de que sus partidarios elogian la vivisección (aunque ellos prefieren llamarla “investigación biomédica”) como una actividad científica, beneficiosa y hasta humanitaria, sigue oculta a los ojos del público. Esto es así porque los vivisectores son conscientes de que si se supiera lo que sucede en los laboratorios de vivisección y el daño que la salud humana sufre a causa de ésta, la gran mayoría de la gente protestaría enérgicamente. Por eso tratan de ocultar las pruebas que los delatan y por eso, también, los laboratorios están escondidos de la vista del público.
Cuando finalmente el tema de la vivisección es sacado a la luz pública, los vivisectores y sus partidarios se presentan a sí mismos como buenos samaritanos, aduciendo que ellos son los primeros en rechazar el uso de animales, pero que dado que no existe otra alternativa, se ven obligados a experimentar en ellos, y que no hay que preocuparse por el bienestar de los animales; ¡ellos están bien! Son bien alimentados, bien cuidados, son tratados con amor y respeto, y si algo va mal, los comités de bioética se encargan de ello, así que no hay de qué preocuparse, todos pueden estar tranquilos, ¡los animales están en buenas manos! –aseguran.
Cuando la cuestión es presentada de esa manera tan simplista en los debates públicos, en los medios impresos, en conferencias, en los libros de bioética, y hasta por algunos “defensores de los animales”, el público es engañado deliberadamente. Porque entonces, nadie habla de los daños a la salud pública, ni de las muertes humanas provocadas por un método de investigación erróneo, pero ciertamente muy lucrativo; ni se cuestiona el hecho de que los animales no son medios para nuestros fines, y que no importa cuán “feliz” pueda ser un animal antes del experimento, pues la hora de la verdad llega cuando éste comienza, y entonces la palabra compasión es un término desconocido.
Y mientras se sigan ocultando las pruebas que demuestran que la vivisección es una práctica anticientífica, la propaganda viviseccionista puede seguir afirmando con total descaro que el uso de animales en la investigación ha sido y sigue siendo esencial para el desarrollo y el avance de la ciencia y que la humanidad tiene mucho que agradecer a los experimentos con animales.
En este contexto el tema de la vivisección es presentado, generalmente, como una mediación entre el avance de la ciencia y el uso de animales. Por un lado se admite, a priori, que la vivisección es útil y benéfica, y por el otro, que dado que los animales son capaces de sentir dolor, se tiene que tener alguna consideración para con ellos, y que por lo tanto, se tiene que encontrar un punto en el que no se vea mermado el avance de la ciencia, ni los intereses de los animales involucrados. Hoy en día se habla de “ética” en la experimentación animal. Lo que nos proponemos en el presente análisis es demostrar que 1)La vivisección no es una práctica ética, porque no se puede hablar de “ética” cuando se tortura a seres indefensos y 2) La vivisección no es una práctica científica, porque el avance científico mediante experimentación animal es una ilusión, no es real.


PREÁMBULO:

La vivisección es una escuela de violencia que se mantiene mediante la propagación de mentiras. Ésta no es, como muchos piensan, una práctica de otro siglo. Hoy más que nunca el uso de animales para la vivisección se ha extendido a pesar de que existen “leyes” que regulan dicha actividad y de que se han instaurado “comités de bioética” para restringirla. En México, ejemplo de ello es la NORMA OFICIAL MEXICANA (NOM-062-ZOO-1999) sobre especificaciones técnicas para la producción, cuidado y uso de animales de laboratorio, un manual que tiene aplicación en todo el territorio nacional para cuidar del “bienestar” de los animales destinados a la vivisección.
En pleno siglo XXI la tortura esta institucionalizada, y la regulación de ésta es un paso más hacia su reafirmación.
Es inaceptable la tortura de un ser vivo. Richard Wagner, Mark Twain, George Bernard Shaw, Gandhi, son solo algunos de los hombres que se han opuesto a la vivisección por motivos meramente éticos, sin reparar en consideraciones utilitarias de ningún tipo. Gandhi dijo: “Aborrezco la vivisección con toda mi alma. Todos los descubrimientos científicos manchados con sangre inocente considero que no tienen importancia.”
Cuando la palabra ética sale de las bocas de los vivisectores está corrompida, pero actualmente es muy común oír hablar de ética en la experimentación animal. La actual línea de defensa de la vivisección se centra en afirmar su supuesta necesidad y en aducir que los animales destinados a experimentación deben ser tratados con respeto, lo que deja bien claro que no pretenden abolirla sino perpetuarla.
Tenemos entonces que dos grandes mentiras cubren un doble crimen. Crímenes contra los animales y contra la humanidad.


1. LA VIVISECCIÓN ES ÉTICAMENTE INACEPTABLE.

 “Sería mucho mejor si un ser sensible nunca hubiese existido,
a que existiese sólo para soportar miseria incesante.” -Percy B. Shelley

La primera objeción a la vivisección es de tipo moral: los animales no son seres inanimados carentes de sensibilidad que podamos tratar a nuestro antojo; son seres sensibles con voluntad e intereses propios y consecuentemente seres dignos de respeto. Por lo tanto, los animales no son material bruto de laboratorio, en la misma medida en que nosotros tampoco lo somos. Todos los animales, humanos y no humanos, deseamos vivir nuestras vidas libres de interferencias de todo tipo, y con el mayor grado de bienestar posible; nos apartamos de todo aquello que nos pueda producir dolor y malestar.
Si nos detenemos a analizar con atención cuál es la razón por la que debemos respetar a los miembros de nuestra propia especie, podremos aclarar más este punto, porque ciertamente es la misma por la que debemos respeto también a los animales no humanos. J. J. Rousseau en el prefacio al Discurso sobre el origen de la desigualdad acierta claramente al establecer la sensibilidad como el único medio para vencer las dificultades en cuanto al problema de la desigualdad moral: “Parece, en efecto, que si yo estoy obligado a no hacer mal ninguno a mis semejantes, es menos por el hecho de que sea un ser razonable que porque es un ser sensible” (Rousseau, J. J., Discurso sobre el origen de la desigualdad, decimoquinta edición, ED. Porrúa, México, 2006, p. 137). En efecto, contrariamente a los tremendos esfuerzos que se hacen para crear una diferencia abismal entre nosotros y los demás animales, la sensibilidad es un rasgo que nos une a ellos. Por lo tanto, es ilógico pretender que solo la especie humana sea digna de respeto. Lo que Rousseau nos dice aquí es que estamos obligados a respetar a los otros no por el hecho de que sean seres racionales, sino porque podemos dañarlos con nuestras acciones, es decir, porque son sensibles, susceptibles de padecer nuestras malas acciones.
En consecuencia, argucias tales como “los animales no son inteligentes”, “los animales no escriben libros” y otras por el estilo no son contundentes como para justificar su explotación, porque de ser así, entonces también sería permisible que los más inteligentes de entre nosotros tuvieran derecho a explotarnos. Estas características son tan arbitrarias como las que emplean los racistas para justificar “una raza superior”.
Como podemos ver, no hay una base racional que sustente la explotación animal, pero los viviseccionistas afirman que sí, porque, según ellos, con la vivisección se puede obtener algo bueno:
“El uso de animales en la investigación ha permitido grandes avances en el conocimiento y en el desarrollo de las ciencias biomédicas. Sin embargo, el hecho de realizar experimentos con seres capaces de sentir dolor, implica una responsabilidad hacia ellos por parte de la comunidad científica. La experimentación en animales requiere de normas y lineamientos éticos que les aseguren condiciones mínimas de sufrimiento y maximización de su bienestar y al mismo tiempo, se deben encontrar diferentes alternativas para sustituir a los animales en la búsqueda de respuestas y en la resolución de problemas que la medicina actual nos plantea.” (Vanda-Cantón, Beatriz, “La experimentación biomédica en animales en los códigos bioéticos”, Revista LABORAT-acta, México, Vol. 15, No.2, 2003, p. 69). (Éste es el tono de la discusión que actualmente se maneja en libros, revistas, foros y conferencias en relación a la vivisección).
Lo que se observa a primera vista es el descaro de la “comunidad científica”, cuando la autora dice que el hecho de realizar experimentos con seres capaces de sentir dolor implica una responsabilidad hacia los animales. ¿Qué tipo de preocupación puede tener un vivisector hacía los animales? Si de verdad estuvieran preocupados por el sufrimiento de los animales, obviamente se dedicarían a otra cosa. Sin embargo, el argumento es útil, porque por un lado nos dice que la vivisección es útil y necesaria y por otro nos dice que hay que reducir el sufrimiento de los animales al mínimo. Parece “razonable”, ¿no? Los vivisectores desean el bienestar de la humanidad, pero para eso inevitablemente tienen que hacer sufrir a los animales, por eso el sufrimiento debe ser el mínimo, por eso debe haber lineamientos éticos, nos dicen.
Intentan justificar sus crímenes sobre dos mentiras: 1. La vivisección es necesaria. 2. La ética lo puede tolerar. El primer punto lo desenmascararemos en el siguiente apartado, ahora desmintamos el primero.
El argumento de la utilidad que están empleando los viviseccionistas, es, en otras palabras, el siguiente: “el fin justifica los medios”. Pero si el fin justifica los medios, entonces que empiecen a practicar la vivisección entre ellos mismos y que nos demuestren un verdadero acto de amor a la humanidad, no utilizando seres vivos contra su voluntad. Porque si el argumento es ese, entonces también se puede justificar la vivisección de 100 hombres si con ello se benefician 1 millón de hombres. Pretender que las atrocidades no son tan malas, si con ellas obtenemos algo “bueno”, es simplemente inaceptable.
Además, como veremos más adelante, la vivisección no solamente no salva vidas humanas, sino todo lo contrario, ha sido la causa de miles de muertes humanas, de la expansión de nuevas enfermedades y también del retraso científico.
Es interesante saber, también, que cuando la vivisección empezaba en su forma moderna, no se planteaba la idea del bien para la humanidad. Se practicaba simplemente para mantenerse al día de los descubrimientos de otros o ir por delante de ellos. En esa época, un análisis de las consideraciones “éticas” en la experimentación animal hubiera sido motivo de risa.
Henry S. Salt, al hablar sobre la tortura experimental, en su libro Los derechos de los animales (1892), escribía sobre la cuestión que estamos analizando lo siguiente: “La afirmación que por lo común hacen los apologistas de la científica inquisición, según la cual se justifica la vivisección por su utilidad –por considerarla, de hecho, indispensable para el avance del conocimiento y la civilización- se funda en una visión a medias de la situación. El científico, como ya he señalado es un hombre semiculto. Supongamos (lo que sin duda es mucho suponer, ya que está en contradicción con la mayoría de los testimonios médicos de gran peso) que los experimentos del vivisector contribuyan al progreso de la ciencia quirúrgica. ¿Y qué? Antes de sacar la conclusión precipitada de que la vivisección es justificable por esa razón, un hombre sabio tomará plenamente en consideración el otro lado de la cuestión: el lado moral, la monstruosa injusticia de torturar a un animal inocente y el terrible daño que se inflige al sentido humanitario de la comunidad.”. Y más adelante: “Nada que sea aborrecible, repugnante, intolerable a los instintos generales de la humanidad, es necesario. Es mil veces preferible que la ciencia renuncie a la cuestionable ventaja de ciertos descubrimientos problemáticos, o que los posponga, a que se atente incuestionablemente contra la conciencia moral de la comunidad creando confusión entre el bien y el mal.” (Salt, Henry, Los derechos de los animales, Los libros de la Catarata, Madrid, 1999, pp. 93-94).
Por fortuna, no tenemos que renunciar a ningún conocimiento si la vivisección es abolida, todo lo contrario, se podrán evitar más desastres médicos, como el de la Talidomida, pero como dijimos, este punto lo analizaremos más adelante. En lo que ahora nos atañe (la supuesta moralidad de la vivisección), hay que hacer hincapié en lo señalado por Henry Salt: la confusión que se crea entre el bien y el mal cuando se argumenta que la vivisección es tolerable porque es útil. En efecto, si aceptamos, como hoy se acepta, que un acto de crueldad –como los que todos los días se protagonizan en los laboratorios de vivisección- es “éticamente aceptable” porque con ello podemos obtener algo útil, simplemente estamos muy lejos de todo sentido de moralidad.
La ética es una rama de la filosofía que se encarga del estudio de las relaciones del hombre con lo que le rodea, de lo bueno y lo malo respecto de nuestras relaciones con los otros, quienes, como hemos visto, pueden ser animales humanos o no humanos. Por lo tanto la ética o moral, no puede estar cimentada sobre intereses egoístas, porque entonces rompería con su originario sentido: la preocupación por el otro. De hecho el egoísmo, como bien señalo Arthur Schopenhahuer (quien también se opuso a la vivisección) es un móvil antimoral: no puede haber una acción moral si hay un interés egoísta de por medio.
La idea de que una acción en la que alguien se beneficia destruyendo a otro es correcta, está basada exclusivamente en el egoísmo y por tanto no puede ser moral. Exactamente como si los otros no existieran –enseñaba Schopenhahuer-, el egoísta piensa que todo gira alrededor de él, y escribió lo siguiente en su ensayo La compasión como fundamento de la moral: “Pensando yo en señalar con un rasgo la magnitud del egoísmo a fin de expresar sin prolijidad la fuerza de esa potencia antimoral, y buscando así alguna hipérbole bien enfática, acerté finalmente con ésta: algunos hombres estarían en disposición de matar a otro, simplemente para untarse las botas con su grasa. Pero me quedaba el escrúpulo de si era realmente una hipérbole.” (Schopenhahuer, Arthur, Los dos problemas fundamentales de la ética, ED. Siglo XXI, 3ª ed., Madrid, 2007, pp. 241-242). A ese ejemplo puede seguir este otro: “algunos hombres estarían dispuestos a extirparle los ojos a un gato simplemente para obtener un título universitario”, estando seguros de que no se trata de ninguna hipérbole.
Cuando tratamos el tema de la vivisección, inevitablemente viene a la mente el tema del sadismo. El egoísmo como móvil antimoral, en su forma más brutal se convierte en sadismo (que en la práctica son maldad y crueldad) y no es aventurado decir que entre “la comunidad científica” hay ejemplos vivos de ello. “El egoísmo puede conducir a crímenes y delitos de todo tipo: pero el daño y dolor causados con ello a los otros es para él simple medio, no fin, o sea que sobreviene solo accidentalmente. En cambio, para la maldad y la crueldad los sufrimientos y dolores de los demás son fines en sí mismos, y su consecución, placer.” (Ibidem, pp. 243-244).
Si no todos los vivisectores son sádicos, lo cierto es que la vivisección es una buena escuela para fomentar todas las tendencias destructivas que habitan en el hombre. La primera impresión que causa en la psique humana un acto de crueldad es de rechazo y abominación. Esas son, seguramente, las impresiones de un estudiante mentalmente sano al presenciar la primera vivisección. Si continúa por ese camino es muy probable que con el tiempo se habitúe a presenciarlas, hasta que finalmente no “sienta” o no sea capaz de comprender lo que está haciendo, pero peor aún es cuando encuentra satisfacción en su “oficio”.
Hans Ruesch documentó varios episodios en Slaugther of the innocent donde el sufrimiento de los animales es motivo de risa para la confraternidad de los vivisectores. Relata un episodio que aconteció en el Centro Medico de la Universidad de Tulane, (Nueva Orleáns) donde 350 monos rhesus fueron estampados contra la pared simulando accidentes de tráfico, uno de ellos “chilla atemorizado mientras el “patólogo” sonriente intenta calmarlo haciéndole cosquillas en su axila.” (Ruesch, Hans, Vivisection is scientific fraud, CIVIS, 1995, p. 10). Narra también, como unos estudiantes de medicina se reían, al ver como un perro hambriento, al que se le había perforado la garganta, miraba angustiado viendo cómo la comida caía al suelo a través de ésta.
En un debate en el Instituto de Fisiología en de la Universidad de Berna en Suiza, en 1903, entre su director, el Profesor H. Kronecker, y Magnus Schwantaje, un escritor y filósofo alemán, este último contestó a la aseveración del primero de que los vivisectores no eran crueles, leyendo en voz alta lo que los propios vivisectores habían publicado; sin embargo no pudo continuar porque “cada vez que leía las descripciones que relataban cómo los animales eran hervidos o despellejados vivos, o cómo eran sometidos a extirpaciones de órganos, o cómo sufrían la disección de su espina dorsal y otras barbaridades semejantes, los estudiantes se reían a carcajadas” (Cfr. Ruesch, Hans, Slaughter of the innocent, Cap. VII). Nuestro autor documentó más casos en los que los terribles sufrimientos causados a los animales eran motivos de risa para sus verdugos.
Éstos son claros ejemplos de lo que puede hacer la vivisección: la formación de hombres totalmente deshumanizados y sanguinarios. Al vivisector podemos aplicarle perfectamente las palabras de Erich Fromm cuando hablaba en estos términos de los necrófilos: “Para él la mayor hazaña del hombre no es dar vida, sino destruirla; el uso de la fuerza no es una acción transitoria que le imponen las circunstancias, es un modo de vida.” (Fromm, Erich, El corazón del hombre, FCE, México, 1983, p. 39).
¿Todavía queremos hablar de ética en la experimentación animal, cuando en realidad se trata de una práctica totalmente antimoral? ¿Queremos seguir fomentando una práctica que es el signo más indefectible de deshumanización y de bajeza moral? Si la barbarie y la violencia pueden ser justificadas éticamente, entonces Hitler y Stalin fueron verdaderos apóstoles de la ética.
Como podemos ver, la vivisección no solamente no es una práctica que se pueda justificar éticamente, sino que representa exactamente lo contrario: el mayor grado de corrupción y perversión moral que puede haber.
En este contexto, resulta absurdo pretender reglamentar la vivisección, o lo que es lo mismo, la tortura, en base a normas y supuestos lineamientos éticos como pretenden los vivisectores. “Discutir sobre leyes que admiten por principio la presunta necesidad de los experimentos con animales es como discutir sobre la necesidad del asesinato, de la violación o de otros crímenes.” (Schär-Manzoli, Milly, Holocausto, ATRA – AG STG, Suiza, 1996, p. 218).
Si algo es moralmente incorrecto, ninguna legislación puede convertirlo en algo bueno. El hecho de que la vivisección sea legal no significa que sea correcta. Y teniendo en cuenta que así como es una práctica antimoral es también una práctica anticientífica, debe ser ilegalizada, no reglamentada.
Así como la vivisección retrasa el progreso científico, también retrasa el progreso moral. Éste es una parte importantísima del desarrollo humano, pero cuando los vivisectores hablan de él lo hacen con una connotación materialista. El progreso humano no solamente debe medirse con criterios técnicos, sino también con criterios humanitarios. ¿Qué tanto ha progresado la humanidad a este respecto? Más bien parece que vamos en sentido contrario y que aún nos encontramos en un estado de barbarie; y la vivisección contribuye en mucho a este retraso.
Es nocivo para el progreso humano que miles de hombres y mujeres se estén formando con una mentalidad viviseccionista. Lo único que se puede aprender de la vivisección es que en esta vida cualquier medio, no importa lo bárbaro que sea, puede ser empleado para prosperar en ella. Y la sociedad lo consiente: los vivisectores son personas respetables de la sociedad, hasta se les puede dar el premio Nobel; en contraste, personas que han arriesgado sus vidas por liberar animales están en la cárcel. No hay duda de que las cosas están de cabeza.
El argumento de que el sufrimiento de los animales debe ser el mínimo tampoco es aceptable. En primer lugar, ¿quién les puede creer que estén interesados en los derechos de los animales? Ni ellos mismos, ¿De qué manera un violador puede estar interesado en los derechos de las mujeres? Si de verdad están preocupados por los derechos de los animales que abandonen la vivisección, como de hecho algunos antiguos experimentadores lo han hecho. En segundo lugar hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿permitiríamos la vivisección en nuestros niños a condición de que se les haga sufrir sólo el mínimo? Obviamente que no.
Hasta aquí hemos visto que la vivisección no solamente no es una práctica ética, sino que además corrompe la moral pública y retrasa el progreso moral de la humanidad favoreciendo los instintos más destructivos de ésta. Sin embargo, resta decir algo más; la vivisección, como toda forma de explotación animal es aún más intolerable porque se practica contra seres totalmente indefensos que no pueden protestar ni reclamar sus derechos.
Lo que la especie humana está haciendo hoy a los animales no lo hace en base a consideraciones éticas, sino simplemente porque dispone de la fuerza necesaria para imponer sus caprichos y sus falsas necesidades a los otros animales: “Lo que los humanos hacen a otros animales según sus deseos ejemplifica las teorías racistas más extremas: el principio de que el poder da derecho.” (Cfr. Bashevis Singer, Isaac, Enemies, a love history). Por lo tanto todos los esfuerzos que hacen los vivisectores para encubrir las atrocidades que cometen a puerta cerrada contra los animales y que pretenden disfrazar de éticas, son en vano:
“Al final eres lo que eres
Ponte pelucas de millones de rizos
Pon largas medias en tus pies
Pero siempre sigues siendo lo que eres” (Goethe, Fausto)


2. LA VIVISECCIÓN ES UN FRAUDE CIENTÍFICO.

“Nuestras manos están vacías,
únicamente nuestra boca está llena de promesas”
(Confesión de Claude Bernard en su lecho de muerte)

No son pocos los científicos que han rechazado la vivisección como método científico de investigación. 1000 doctores (y muchos más) contra la vivisección es el título de un libro escrito por el señor Hans Ruesch en el que precisamente citaba a más de mil autoridades médicas que rechazan la vivisección por motivos científicos. Nuestro autor posteriormente escribió Matanza de Inocentes, el primer libro que demostró que la vivisección es un fraude pseudocientífico inspirado por el deseo de obtener beneficios económicos. Inmediatamente fue censurado en algunos países por presiones de la industria farmacéutica, porque en él se demuestra que la vivisección es un método anticientífico de investigación que solo sirve para comercializar productos peligrosos, pero muy lucrativos para ésta.
En el capítulo dedicado a la historia de la medicina, Hans Ruesch demostró que ninguno de los avances médicos se ha conseguido gracias a la experimentación animal como afirman los vivisectores, y que en cambio si ha conseguido  matar y causar daños irreversibles a millones de personas en todo el mundo.
El libro ha sido deliberadamente ignorado por los medios oficiales de comunicación, quienes están más interesados en promocionar los “nuevos” y “mejorados” productos que la industria farmacéutica pone a la venta que en decir la verdad. Las pruebas son ocultadas y el fraude de la vivisección continúa expandiéndose.
Mientras tanto, los vivisectores y sus partidarios siguen engañando deliberadamente al público diciendo que la experimentación animal es útil y benéfica, y que sin ella la humanidad perecería. Uno de ellos, -aunque parezca increíble- es el autor de la “Biblia de los derechos de los animales”, Peter Singer, quien es presentado por muchas organizaciones animalistas como un “defensor de los animales”. Singer, al igual que muchos vivisectores defiende el uso de animales para experimentación “en algunos casos”. Personas como él representan un obstáculo para la abolición de la experimentación animal, porque sus opiniones resultan incluso peores que las de los vivisectores sin máscara. Aunque la de él en especial, resulta todavía peor, porque se supone que es un “defensor de los animales”. Sus declaraciones sólo sirven para crear confusión sobre la verdad del asunto y para ayudar a propagar el fraude de la vivisección: ¡Si hasta Peter Singer dice que la vivisección es necesaria! Veamos lo que el “gurú” del movimiento de liberación animal opina sobre la tortura experimental:
“La experimentación animal ciertamente sirve, en ocasiones, a propósitos importantes y valiosos. Aunque muchos experimentos son triviales y constituyen una pérdida de tiempo y dinero (aparte de que constituyen un abuso de los animales), otros nos llevan desde luego a logros significativos de nuestro conocimiento de los procesos biológicos y en la prevención y el tratamiento de las enfermedades. Quizás en el largo plazo sea posible obtener este conocimiento mediante técnicas alternativas que no impliquen animales; pero la posibilidad de tales opciones futuras no niega los beneficios obtenidos ahora con algunos experimentos”. Y continúa: “El conocimiento obtenido con algunos experimentos en animales ciertamente salva vidas y reduce sufrimiento. Por consiguiente, los beneficios de la experimentación en animales superan a las de comer animales y aquélla práctica tiene mejores posibilidades de justificarse que ésta última; pero esto se aplica sólo cuando un experimento en un animal cumple con condiciones estrictas relacionadas con la importancia del conocimiento adquirido, la falta de técnicas alternativas que no impliquen a animales, y el cuidado que se ponga en evitar el dolor.  En estas condiciones se puede defender la muerte de un animal en un experimento.” (Singer Peter, “El valor de la vida”, en Los caminos de la ética ambiental (Vol. I), Issa, Jorge y Kwiatkowska, Teresa (compiladores), Plaza y Valdés Editores, México, 2003, p. 242)
Si no supiéramos que éstas son palabras de Peter Singer, juraríamos que nos encontramos ante un vivisector consumado. Porque incluso, hasta el mismo Claude Bernard, fundador del método viviseccionista moderno, era conciente de que las variaciones inter-especies hacen que sea imposible extrapolar los resultados obtenidos con animales a la especie humana (Cfr. Bernard, Claude, Principios de Medicina Experimental). Prueba de ello es que lo que para algunos animales es mortal para otros es alimento, y que algunos animales toleran dosis 100 veces mayores o 100 veces menores de algunas sustancias que los seres humanos.
Por ejemplo, los perros pueden soportar hasta 20 dosis más de morfina que un hombre, pero ésta produce excitación en gatos y ratones. Nuestras almendras pueden matar a los zorros y las gallinas, y el perejil es venenoso para los loros. El arsénico, veneno para el hombre puede ser tragado en grandes cantidades por las ovejas. Una dosis de opio mortal para un hombre es inofensiva para los perros y las gallinas. La penicilina es mortal para los gatos y los conejillos de indias, pero es medicinal para los humanos. Y las aspirinas son mortales para los gatos. En realidad la experimentación animal es absurda por varios motivos:
-Los  animales no reaccionan como los seres humanos. Cada especie reacciona de manera diferente, y no es posible determinar científicamente si los resultados obtenidos con una especie son aplicables a cualquier otra.
-La materia orgánica, de la que estamos compuestos todos los seres vivos, no reacciona a los experimentos de laboratorio de manera uniforme, al contrario que la materia inerte.
-Las enfermedades que los vivisectores provocan a los animales de forma artificial no tienen nada que ver con las que se desarrollan en humanos de forma espontánea.
Claro, Peter Singer hace afirmaciones gratuitas cuando dice que hay experimentos que “nos llevan desde luego a logros significativos de nuestro conocimiento de los procesos biológicos y en la prevención y el tratamiento de las enfermedades.” porque nunca cita ningún ejemplo para corroborar su afirmación, en cambio nosotros sí podemos citar ejemplos que muestran lo contrario, de medicamentos que después de ser declarados seguros en las pruebas con animales resultaron inseguros para los humanos:
En 1971, 1500 personas tuvieron que ser hospitalizadas a causa de un medicamento “seguro” llamado Paracetamol. “En Estados Unidos, Orabilex produjo daños renales con resultados fatales, MEL/29 provocó cataratas y Metaqualone causó problemas psíquicos que condujeron a la muerte en 366 casos” (Cfr. Ruesch, Hans, Slaughter of the innocent).
El caso de la Talidomida es muy interesante, porque demuestra no sólo la total impotencia de la experimentación animal para curar y prevenir enfermedades, sino también su “capacidad” para crear enfermedades que antes no existían.
La Talidomida, un tranquilizante que había sido definido como “el más inofensivo de la historia de la terapéutica moderna” fue comercializado después de 3 años de minuciosas pruebas con miles de animales. ¡A causa de este nuevo medicamento más de diez mil niños nacieron con malformaciones! Chemie Grünenthal, la empresa farmacéutica responsable, fue procesada por haber comercializado un medicamento nocivo, pero fue absuelta del cargo porque los “científicos” (vivisectores) que testificaron en el juicio dijeron que “los resultados con animales nunca pueden ser aplicables al hombre”. De hecho, mientras se celebraba el juicio se efectuaron nuevas pruebas. Las dosis se incrementaron considerablemente, se multiplicó el número de especies; ratas, ratones, perros y hasta 150 variedades de conejos dieron resultados negativos. Finalmente cuando se realizaron experimentos con el conejo de Nueva Zelanda se pudieron obtener pocas crías con malformaciones y, poco después, también algunos monos deformes, es decir, después de que se utilizaron millones de animales durante años. ¿Puede haber prueba mayor de la absoluta inutilidad de la vivisección, de su fracaso científico, de absoluta incompetencia?
¿A este tipo de beneficios se refiere Peter Singer? ¿O acaso a los beneficios multimillonarios de la industria farmacéutica? Porque es obvio que los 10 mil niños víctimas de la Talidomida y sus familiares no se encuentran entre los beneficiados de los experimentos con animales.
Isoproterenol, Trilergan, Flamanil, Eraldin, son solo algunos de los medicamentos que dieron resultados negativos en animales, pero que sin en embargo fueron capaces de atrofiar la salud de sus consumidores. Este último fue capaz de causar daños en la vista y en el tracto intestinal de cientos de consumidores y matar a 18 de ellos a pesar de haber sido comercializado después de 7 años de “minuciosas” pruebas con animales. Claro, todos ellos han dejado cuantiosas ganancias a sus fabricantes.
Paralelamente, el uso de la digital, un remedio que ha beneficiado a las personas cardiacas salvándoles la vida, fue retrasado por mucho tiempo, porque se probó primero con perros, y en ellos aumenta la presión sanguínea. Al igual que el cloroformo, un anestésico que no fue empleado durante años, porque es tóxico para los perros. ¿A estos logros se refieren Singer y los viviseccionistas?
La experimentación animal es un método anticientífico, por lo tanto no hay experimentos que “ciertamente sirvan en ocasiones” como asegura Singer, ni se trata tampoco de buscar “alternativas” a la vivisección, porque ésta es un método anticientífico de investigación.
Y así lo confirman eminentes autoridades médicas, como Sir Charles Bell, el fisiólogo que formuló la teoría sobre la diferenciación de los nervios motores y sensoriales (Ley de Bell), quien se opuso a la vivisección por motivos éticos y científicos.
Peter Singer puede opinar lo que él crea acerca de “el valor de la vida” y sobre las consideraciones “éticas” de la experimentación animal, pero no puede hacer declaraciones que pertenecen al ámbito de la ciencia, contradiciendo a autoridades médicas mas cualificadas para evaluar la situación.
En oposición a lo que opina Singer sobre la vivisección, leamos algunos testimonios médicos que abordan la cuestión:
“Como investigador me dedico al estudio de la mutagénesis (origen de las mutaciones) y de la carcinogénesis (origen del cáncer), dos campos en los que es básico experimentar. Por tanto, sé de lo que estoy hablando, y digo “NO” a la experimentación animal, no solamente por motivos éticos, sino también por razones científicas. Se ha demostrado en múltiples ocasiones que los resultados obtenidos en los experimentos efectuados con animales no son aplicables en absoluto a los seres humanos. Existe una ley relacionada con el metabolismo (conjunto de todos los procesos físicos y químicos que tienen lugar continuamente en los organismos vivos) que nos permite determinar que una reacción bioquímica que haya sido establecida para una especie en concreto solamente es válida para esa especie en particular, y que no lo es para ninguna otra. Frecuentemente, dos especies muy parecidas –como la rata y el ratón, por ejemplo– reaccionan de manera completamente diferente. Se pueden realizar experimentos con otros muchos métodos que ofrecen tres ventajas:
-Fiabilidad científica.
-Ahorro de tiempo (los resultados que tardan 6 meses en conseguirse experimentando con animales pueden lograrse en dos semanas con cultivos celulares “in vitro”).
-Costos más reducidos.
¿Por qué continúan experimentando con animales entonces? En primer lugar, por el retraso mental y cultural de los viviseccionistas. Además, la vivisección sigue practicándose porque las leyes desfasadas ordenan la realización de experimentos con animales para otorgar el permiso necesario para la venta de medicinas. Las leyes actuales deben ser abolidas. La experimentación animal es engañosa, inútil, cara y, sobre todo, es cruel”. (Entrevista a Gianni Tamino, un congresista italiano que se dedica también a la investigación en la escuela de medicina de la Universidad de Padua, publicada en el semanario italiano Domenica del Corriere, Número 48, 1 de diciembre de 1984).
En unas declaraciones publicadas en Quick el 15 de marzo de 1979 el Profesor Heinz Oeser dijo: “Como especialista en cáncer dedicado a la práctica clínica no puedo estar de acuerdo con los investigadores que creen que los resultados obtenidos con los animales de laboratorio son aplicables a los seres humanos”. (Ruesch, Hans, Vivisection is scientific fraud, Op. Cit. P.25)
El Profesor Helmut Mommsen, pediatra alemán de Frankfurt, en Civis-Schweiz Aktuell, Zurich, diciembre de 1980 escribió: “Toda nuestra medicina está dominada y atemorizada por la ciencia analítica. Su investigación médica no tiene nada que ver con la salud. La eliminación de los síntomas es presentada falsamente como una recuperación de la salud, pero dificulta e impide conseguir una verdadera salud. Un niño cuya fiebre es eliminada precipitadamente mediante la administración de antibióticos está más enfermo que antes de recibir la medicación, se vuelve más vulnerable a las enfermedades y se convierte en un enfermo crónico. La ciencia analítica ha formado a doctores cuyas facultades mentales no van más allá del principio de “2 x 2 = 4”. No practican la observación elemental, y la rechazan porque creen que es “subjetiva”. Dicha actitud ignorante es también responsable de los repugnantes experimentos que se realizan con animales, que son una clara señal de incapacidad mental” (Idem).
Ahora pongamos atención a los siguientes casos:
“En los años 20, se extendió un enorme júbilo por todo el mundo cuando el Profesor Serge Voronoff anunció que podía devolver la sexualidad juvenil a las personas de edad avanzada mediante la implantación de glándulas de mono, y la prensa mundial se llenó con caricaturas de hombres muy mayores persiguiendo a jóvenes enfermeras después de someterse a la operación. ¿Quién ha vuelto a oír hablar de ese “milagro”?
“En los años 60, Christiaan Barnard causó una reacción similar con su primer trasplante de corazón, que fue presentado por los “escritores de temas científicos” como una esperanza para poder alcanzar la vida eterna, aunque lo cierto es que llevó a la tumba a cientos de pacientes engañados que si no se hubieran sometido a la operación podrían seguir vivos actualmente, y además provocó unos horrores que continúan aumentando. El último de ellos fue el sádico experimento viviseccionista de “Baby Fae” (El 26 de octubre de 1984, el Dr. Leonard L. Bailey, del Centro Médico de la Universidad de Loma Linda, implantó el corazón de un babuino en el pecho de Baby Fae, una niña nacida con un grave defecto cardiaco conocido con el nombre de “Corazón Izquierdo Hipoplástico”. Baby Fae murió pocos días después del trasplante a causa del rechazo, lo que no fue una sorpresa para quienes conocen el sistema inmunológico humano y las realidades científicas que impiden el éxito de los xenotrasplantes). Los responsables del experimento pudieron eludir la cárcel o la silla eléctrica solamente gracias al absurdo sistema de “juicio por profesionales semejantes”, que fue impuesto a los legisladores legos en cuestiones médicas por el clero de la “medicina moderna”, con el apoyo de los lobbies petroquímicos de todo el mundo.
“Entretanto, los payasos de los laboratorios habían procedido a desarrollar un corazón artificial para humanos después de probarlo con cuadrúpedos por razones que ninguna mente cuerda podría comprender, y los crédulos “escritores de temas científicos” de todo el mundo definieron su primera aplicación a un paciente humano como un “enorme logro”, que estaba inevitablemente condenado al fracaso como todos los demás “importantes logros” de la medicina mecanicista.
“Después de pasar décadas realizando experimentos con innumerables terneros y con otros animales para desarrollar ese primer corazón artificial, bastaron menos de 48 horas para descubrir que no funcionaría durante mucho tiempo en un ser humano y que, por lo tanto, nunca solucionaría los problemas cardiacos, por razones que cualquiera que tenga unas nociones elementales de biología podría haber pronosticado. Según los informes publicados, los primeros pacientes que recibieron un corazón artificial no solamente sufrían unos dolores tan insoportables que imploraban que les dejaran morir (un favor que les fue negado por sus heroicos cirujanos, que estaban insensibilizados y acostumbrados a los dolores de los animales), sino que además experimentaron una grave “confusión mental”.
“¿Por qué? Porque un corazón natural reacciona a las emociones y a otras influencias del sistema nervioso. El miedo o la ira, por ejemplo, aceleran inmediatamente el ritmo cardiaco, mientras que el descanso y el sueño lo reducen gradualmente. Un corazón natural también es sensible a la sutil interacción de los procesos físicos y químicos (metabolismo), que se produce constantemente en todos los organismos vivos. Sin embargo, un corazón mecánico bombea a un ritmo constante, sin tener en cuenta los impulsos procedentes del sistema nervioso, y ese hecho biológico no cambiará con futuros corazones artificiales más “sofisticados”.
“La investigación basada en el uso de animales, provocada por el deseo de obtener subvenciones e inspirada por un concepto mecanicista de la salud que ignora las leyes psicosomáticas biológicas, es un callejón sin salida.” (Ibidem, p. 26)
Como vemos, es un hecho generalmente reconocido que ningún experimento con animales puede proporcionar un resultado fiable sobre la seguridad y los efectos de los nuevos medicamentos en los seres humanos, porque como hemos señalado más arriba, las diferencias en la fisiología, la bioquímica, el metabolismo y la histología (estructura de los tejidos) de las diferentes especies hacen imposible que se puedan extrapolar los resultados obtenidos con animales a la especie humana. Prueba de ello es que todos los días son retirados del mercado varios medicamentos a causa de su inutilidad o de su peligrosidad.
Por lo tanto, tomando en cuenta todas estas consideraciones, la vivisección representa un peligro para la salud pública, y la única solución racional que podemos presentar es su abolición. La vivisección solo cumple la función de proveer una coartada cuando algo sale mal, porque las firmas farmacéuticas se pueden respaldar diciendo que efectuaron las pruebas legalmente establecidas.
En cuanto a Singer solo nos resta decir que no es un defensor de los animales, ni siquiera un defensor de su propia especie, porque al defender la vivisección implícitamente se vuelve cómplice de los crímenes cometidos contra los animales y la especie humana.
En realidad, el método viviseccionista solo sirve a las compañías farmacéuticas para inundar el mercado con nuevos productos nocivos que ponen en riesgo la salud de las personas. Aunque también puede servir para obtener un título profesional, fama, prestigio y dinero de forma fácil.
El único conocimiento significativo que se ha obtenido de la vivisección es el siguiente: “mostrarnos cuál es el punto más bajo de degradación al que puede llegar el ser humano, si es que eso es lo que queríamos averiguar.” (Hans Ruesch).
(Este punto podría ser extendido con multitud de ejemplos que prueban la inutilidad y la peligrosidad de la vivisección, sin embargo consideramos que con lo expuesto hasta aquí es suficiente para demostrar que la vivisección es una práctica no científica. Para quienes deseen informarse en profundidad sobre este tema se recomienda el libro mencionado al principio de este punto: Slaughter of the innocent de Hans Ruesch).
CONCLUSIÓN.
La vivisección no es una práctica ética ni científica.

Raúl Cruz

domingo, 15 de abril de 2012

¡Adiós, tonto gatito!

¡Adiós, tonto gatito!*
*Este artículo de Hans Ruesch apareció originalmente en Boletín CIVIS-SCHWEIZ, en la navidad de 1983. Poco antes, la fotografía del gatito con la leyenda “HILFE, LAAST MICH HIER RAUS!” (“¡Ayuda, sáquenme de aquí!”) había sido publicada en la portada de Stern, el semanario alemán de mayor circulación. Cinco años después, Hans Ruesch volvió a publicar el artículo en el Boletín CIVIS No. 2, “The Infiltrarion in Animal Welfare”.

No, tonto gatito, nadie te liberó, a pesar de que tu foto y tu grito de ayuda estaban en exhibición en todos los quioscos de periódicos de Europa, donde millones de personas los vieron, y probablemente millares no pudieron dormir la noche siguiente. Sin embargo, esto es todo lo que han hecho –incluso yo-. Durante un momento de locura esperábamos que algunos de esos chicos que liberan animales de los laboratorios corrieran a salvarte, pero, naturalmente, las probabilidades eran enormemente contrarias, porque la policía protege a los torturadores de laboratorio y no a sus víctimas; los héroes son pocos, y millones de animales candidatos a morir en los laboratorios pseudocientíficos para proporcionar una coartada a los traficantes de drogas.

Pronto serás inmovilizado en un aparato estereotáxico, con tanta fuerza que no lograrás mover la cabeza, ni siquiera un pelo, tal vez dos barras de acero serán introducidas en las órbitas vacías de tus ojos, y dos prensas te presionarán las orejas tan fuertemente que tus tímpanos podrían reventar, pero no te preocupes, se hará porque no influirá ni un poco el resultado del experimento, según cuanto dicen los catálogos de los fabricantes, Lab-Tronics y H. Neuman & Co., cerca de Chicago, que envían tales instrumentos de tortura a los laboratorios de todo el mundo. Sin embargo, lo que importa es tenerte absolutamente inmóvil, mientras la verdadera acción comienza.

Demonios de bata blanca, disfrazados de “científicos”, te harán agujeros con un taladro en tu pequeña cabeza, e introducirán cánulas, sensores, y electrodos en tu pequeño cerebro, para repetir una vez más en tu sistema nervioso los mismos insensatos experimentos efectuados desde el fin del siglo pasado; experimentos que no han aportado beneficios de ningún tipo, ni a la especie humana ni a la felina, sino únicamente a los mismos experimentadores, a quienes han procurado satisfacción personal, a veces fama y honores, y quizá incluso un Premio Nobel, como en el caso del Prof. Walter Hess de la Universidad de Zurigo, antes que se supiera que todas sus conclusiones eran erróneas y habían causado daños incalculables a un número no revelado de pacientes. En cualquier caso, las obras pseudocientíficas de este señor y de sus colegas, si es que todavía están en algunas bibliotecas médicas, por más que nadie las lea, han sido colocadas allí con la ayuda de tontos gatitos como tú.

Porque tú fuiste creado sólo para “servir” a la especie humana. ¿No lo sabías? También el Papa lo ha dicho explícitamente, probablemente con base en su creencia de que tú no tienes un alma (algo que sin embargo no puede demostrarse), mientras que tus torturadores sí la tienen (y tampoco esto es algo que pueda demostrarse), porque “están hechos a imagen de Dios”. ¡Hermosa imagen!

Y, naturalmente, los jóvenes químicos continúan repitiendo y perpetuando todo esto, así como los fabricantes de productos que están envenenando la Tierra y matando a la gente por millones, los gobiernos y los políticos que pagan la nómina, los profesores universitarios y los rectores, los medios de comunicación que se ganan la vida cómodamente, no informando a la opinión pública sino manipulándola, y también los dirigentes de las grandes asociaciones para el bienestar de los animales, como la RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) y la WSPA (World Society for the Protection of Animals) y El Eurogrupo y la HSUS (The Humane Society of the United States), etcétera, que en lugar de dar a conocer el daño evidente, enorme, causado cotidianamente a la especie humana por los métodos erróneos de investigación médica, ocultan deliberadamente este hecho con cortinas de humo de pueriles charlas filosóficas –como los viviseccionistas quieren que hagan, bajo el pretexto de que la humanidad debe ser “salvada”, y que sólo con el sacrificio tuyo y el de tu especie esto se puede obtener-.

Naturalmente, tonto gatito, para cuando seas inmovilizado en uno de sus aparatos estereotáxicos, probablemente habrás llegado a la conclusión de que la humanidad no puede ser todo eso que se dice de ella, y, desgraciadamente, tendrás razón. En efecto, el hombre es el único animal capaz de matar a sus hijos porque lo molestan mientras duerme. Y también el único macho que golpea a su hembra, si bien algunos graciosos argumentarán que la mujer es la única hembra que merece ser golpeada. El hombre es el único animal que asesina a todas las especies conocidas, incluida la suya, e, incesantemente, erosiona el suelo y daña su hábitat hasta hacerlo inhabitable, sin embargo se considera –sólo porque es capaz de sembrar más muerte y caos que todas las demás especies juntas– la más inteligente de las especies, la única que merece sobrevivir.

Gato inmovilizado en un aparato estereotáxico. Millones de animales son torturados cada año "por el bien de la humanidad".

¿Qué esperas de una especie así, tonto gatito? Pero, tal vez, sólo quieres saber porqué siempre es tu especie la utilizada para los experimentos más dolorosos y prolongados que existen. Es porque has tenido la mala suerte de nacer con un sistema nervioso extremadamente sensible, mucho más sensible que el de tus atormentadores, pero al mismo tiempo eres también más resistente que la mayoría de los otros animales. He aquí el porqué.

Pero no grites cuando te lastimen, tonto. Si lo haces, “ellos” te cortarán las cuerdas vocales, porque “ellos” son de corazón sensible y no soportan los chillidos de los animales. De hecho, muchos de ellos no sólo son grandes filántropos, sino también verdaderos amantes de los animales, que dicen sufrir más que tú a causa del dolor que, por pura filantropía, te infligen.

Y, ahora, adiós, tonto gatito. Espero que mueras antes de que comiencen las fiestas de Navidad, porque durante esas fechas corres el riesgo de permanecer durante días sin agua, inmovilizado en tu aparato de contención. Mas no contemos con ello, porque vivisectores como el prof. Konrad Akert, capo líder de la Universidad de Zurich, y el prof. W. D. M. Paton de Oxford –Sir William, nombrado caballero de su Graciosa Majestad la Reina por su incesante trabajo sobre cerebros de gatos– junto con sus colegas han llevado a cabo estos experimentos tan increíblemente a menudo, con idiota repetitividad, que han llegado a ser bastante hábiles en prolongar la agonía. Asimismo ninguno de ellos ha sido nunca capaz de nombrarnos un sólo paciente al que hayan curado, mientras que nosotros podemos nombrar a un gran número de personas que han sido dañadas de por vida, o que incluso han muerto, a causa de su torpe y contraproducente método de pseudoinvestigación.

Pero, quizá, puedes recibir una especie de aterrador consuelo del siguiente pensamiento, desafortunado gatito. Piensa sólo esto: de una tonta pequeña cabeza como la tuya, hombres “importantes” como Sir William Paton esperan, en efecto, encontrar algún día qué hacer con sus propios cerebros defectuosos y con el gran agujero negro que tienen dentro, y es tanta su preocupación que los experimentos sobre el cerebro han llegado a ser en sus vidas una obsesión.

Ahora, debemos dejarte, desafortunado gatito. Espero que mueras rápidamente. Es, verdaderamente, lo único que podemos desearte. Quizá nos encontremos algún día, en algún otro mundo, que únicamente podrá ser mejor que este.



**La presente traducción ha sido realizada a partir de la versión italiana de la Fundación Hans Ruesch para una Medicina sin Vivisección: www.hansruesch.net


PUBLICADO EN EL TERCER NÚMERO DE LA REVISTA TIEMPO ANIMAL, MÉXICO.