lunes, 25 de junio de 2012

Prohibido el consumo de foie gras en California


PROHIBIDO EL CONSUMO DE FOIE GRAS EN CALIFORNIA A PARTIR DEL 1 DE JULIO.


Una noticia digna de leerse. A partir del 1 de julio el Estado de California prohíbe la venta y el consumo de foie-gras e ilegaliza "el comercio de cualquier otro producto derivado de patos y gansos cebados a la fuerza para producir el paté de hígado graso".

Mil felicitaciones al demócrata californiano John Burton -el legislador que diseñó esta ley- quién respondió así a los que intentan derogar esta medida: "Me gustaría hacerles comer grasa de pato y de ganso; o mejor, avena seca, metiéndosela en la garganta una y otra vez". Haciendo alusión al cruel procedimiento al que son sometidos los animales para la producción del foie-gras.

Aquí la noticia completa:

http://www.20minutos.es/noticia/1519151/0/foie-gras/california/aves/

Por favor, ayúdenos a difundir esta excelente noticia digna de ejemplo.

Revista Tiempo Animal

lunes, 11 de junio de 2012

CRÍMENES OCULTOS


Crímenes ocultos




La vivisección es un crimen” –Victor Hugo
“Es un crimen cotidiano que nos mantiene despiertos por la noche” –Dino Buzzati

La vivisección, término que se emplea para referirse a todo tipo de experimentos realizados con animales vivos (independientemente de que se haga un corte o no), es un negocio sucio y muy lucrativo en el cual, cada año, 500 millones de animales son torturados y asesinados. ¡Tan solo en los laboratorios de vivisección de Estados Unidos mueren 3 animales cada segundo! Animales de todas las especies son sometidas a todo tipo de torturas que pueden durar semanas, meses e incluso años. Es una actividad intolerable y monstruosa, es un crimen contra el resto de las criaturas animales y se mantiene en nuestros días ante la indiferencia de una sociedad ignorante.
Los vivisectores dicen que la aplicación de la vivisección es la extrapolación de los resultados obtenidos con los animales a la especie humana con fines terapéuticos. Sin embargo, médicos de renombre han afirmado que la vivisección es un método erróneo y anticientífico de investigación, porque existen diferencias fisiológicas, histológicas, anatómicas, y psicológicas que hacen que los resultados de los experimentos con animales no puedan extrapolarse al ser humano, por lo que la vivisección proporciona resultados engañosos que ponen potencialmente en riesgo nuestra salud y representan un obstáculo para el avance de la ciencia médica.
No obstante, los vivisectores afirman que electrocutan, queman, envenenan, mutilan, dejan morir de hambre y privan del sueño a los animales por el bien de la humanidad. Y la gran mayoría de la gente lo acepta mientras piense que no le afecta; creen que al fin y al cabo son animales y que si se puede obtener algo útil de ello, todo está bien.
A este respecto Mark Twain dijo: “No me interesa saber si la vivisección produce resultados que sean o no beneficiosos para la raza humana. El dolor que se inflige a los animales sin su consentimiento es la causa de mi enemistad hacia ella, y para mí es suficiente razón para justificar esta discrepancia sin más averiguaciones”. Una sociedad verdaderamente avanzada y humanitaria comulgaría con la misma opinión, y no habría lugar para otro tipo de discusiones. No obstante, nuestra sociedad que se dice a sí misma progresista y civilizada está cometiendo un holocausto de dimensiones espantosas contra seres que se encuentran totalmente indefensos ante los abusos a los que son sometidos por la especie dominante, y no solamente en el terreno de la vivisección, sino en todos los ámbitos de nuestra vida diaria: ¿Cuántos animales mueren cada segundo para que los humanos puedan comer carne, leche, huevos y miel? ¿Cuántos más para las industrias del cuero, la piel y la lana? ¿Y cuántos más para diversión de los humanos? Pero en esta ocasión nos centraremos en analizar la vivisección.
Ésta es una nueva forma de barbarie, que empezó a expandirse a mediados del siglo XIX, época en la cual fue establecida como método oficial de investigación, y su fundador fue Claude Bernard. Él convirtió lo que en otro tiempo fue una actividad aislada, practicada por unos cuantos, en un método de investigación “científico”. Desde esa época hasta nuestros días, la ciencia, una actividad propiamente humana, se ha visto manchada con la sangre de seres inocentes.
Pero a pesar de que sus partidarios elogian la vivisección (aunque ellos prefieren llamarla “investigación biomédica”) como una actividad científica, beneficiosa y hasta humanitaria, sigue oculta a los ojos del público. Esto es así porque los vivisectores son conscientes de que si se supiera lo que sucede en los laboratorios de vivisección y el daño que la salud humana sufre a causa de ésta, la gran mayoría de la gente protestaría enérgicamente. Por eso tratan de ocultar las pruebas que los delatan y por eso, también, los laboratorios están escondidos de la vista del público.
Cuando finalmente el tema de la vivisección es sacado a la luz pública, los vivisectores y sus partidarios se presentan a sí mismos como buenos samaritanos, aduciendo que ellos son los primeros en rechazar el uso de animales, pero que dado que no existe otra alternativa, se ven obligados a experimentar en ellos, y que no hay que preocuparse por el bienestar de los animales; ¡ellos están bien! Son bien alimentados, bien cuidados, son tratados con amor y respeto, y si algo va mal, los comités de bioética se encargan de ello, así que no hay de qué preocuparse, todos pueden estar tranquilos, ¡los animales están en buenas manos! –aseguran.
Cuando la cuestión es presentada de esa manera tan simplista en los debates públicos, en los medios impresos, en conferencias, en los libros de bioética, y hasta por algunos “defensores de los animales”, el público es engañado deliberadamente. Porque entonces, nadie habla de los daños a la salud pública, ni de las muertes humanas provocadas por un método de investigación erróneo, pero ciertamente muy lucrativo; ni se cuestiona el hecho de que los animales no son medios para nuestros fines, y que no importa cuán “feliz” pueda ser un animal antes del experimento, pues la hora de la verdad llega cuando éste comienza, y entonces la palabra compasión es un término desconocido.
Y mientras se sigan ocultando las pruebas que demuestran que la vivisección es una práctica anticientífica, la propaganda viviseccionista puede seguir afirmando con total descaro que el uso de animales en la investigación ha sido y sigue siendo esencial para el desarrollo y el avance de la ciencia y que la humanidad tiene mucho que agradecer a los experimentos con animales.
En este contexto el tema de la vivisección es presentado, generalmente, como una mediación entre el avance de la ciencia y el uso de animales. Por un lado se admite, a priori, que la vivisección es útil y benéfica, y por el otro, que dado que los animales son capaces de sentir dolor, se tiene que tener alguna consideración para con ellos, y que por lo tanto, se tiene que encontrar un punto en el que no se vea mermado el avance de la ciencia, ni los intereses de los animales involucrados. Hoy en día se habla de “ética” en la experimentación animal. Lo que nos proponemos en el presente análisis es demostrar que 1)La vivisección no es una práctica ética, porque no se puede hablar de “ética” cuando se tortura a seres indefensos y 2) La vivisección no es una práctica científica, porque el avance científico mediante experimentación animal es una ilusión, no es real.


PREÁMBULO:

La vivisección es una escuela de violencia que se mantiene mediante la propagación de mentiras. Ésta no es, como muchos piensan, una práctica de otro siglo. Hoy más que nunca el uso de animales para la vivisección se ha extendido a pesar de que existen “leyes” que regulan dicha actividad y de que se han instaurado “comités de bioética” para restringirla. En México, ejemplo de ello es la NORMA OFICIAL MEXICANA (NOM-062-ZOO-1999) sobre especificaciones técnicas para la producción, cuidado y uso de animales de laboratorio, un manual que tiene aplicación en todo el territorio nacional para cuidar del “bienestar” de los animales destinados a la vivisección.
En pleno siglo XXI la tortura esta institucionalizada, y la regulación de ésta es un paso más hacia su reafirmación.
Es inaceptable la tortura de un ser vivo. Richard Wagner, Mark Twain, George Bernard Shaw, Gandhi, son solo algunos de los hombres que se han opuesto a la vivisección por motivos meramente éticos, sin reparar en consideraciones utilitarias de ningún tipo. Gandhi dijo: “Aborrezco la vivisección con toda mi alma. Todos los descubrimientos científicos manchados con sangre inocente considero que no tienen importancia.”
Cuando la palabra ética sale de las bocas de los vivisectores está corrompida, pero actualmente es muy común oír hablar de ética en la experimentación animal. La actual línea de defensa de la vivisección se centra en afirmar su supuesta necesidad y en aducir que los animales destinados a experimentación deben ser tratados con respeto, lo que deja bien claro que no pretenden abolirla sino perpetuarla.
Tenemos entonces que dos grandes mentiras cubren un doble crimen. Crímenes contra los animales y contra la humanidad.


1. LA VIVISECCIÓN ES ÉTICAMENTE INACEPTABLE.

 “Sería mucho mejor si un ser sensible nunca hubiese existido,
a que existiese sólo para soportar miseria incesante.” -Percy B. Shelley

La primera objeción a la vivisección es de tipo moral: los animales no son seres inanimados carentes de sensibilidad que podamos tratar a nuestro antojo; son seres sensibles con voluntad e intereses propios y consecuentemente seres dignos de respeto. Por lo tanto, los animales no son material bruto de laboratorio, en la misma medida en que nosotros tampoco lo somos. Todos los animales, humanos y no humanos, deseamos vivir nuestras vidas libres de interferencias de todo tipo, y con el mayor grado de bienestar posible; nos apartamos de todo aquello que nos pueda producir dolor y malestar.
Si nos detenemos a analizar con atención cuál es la razón por la que debemos respetar a los miembros de nuestra propia especie, podremos aclarar más este punto, porque ciertamente es la misma por la que debemos respeto también a los animales no humanos. J. J. Rousseau en el prefacio al Discurso sobre el origen de la desigualdad acierta claramente al establecer la sensibilidad como el único medio para vencer las dificultades en cuanto al problema de la desigualdad moral: “Parece, en efecto, que si yo estoy obligado a no hacer mal ninguno a mis semejantes, es menos por el hecho de que sea un ser razonable que porque es un ser sensible” (Rousseau, J. J., Discurso sobre el origen de la desigualdad, decimoquinta edición, ED. Porrúa, México, 2006, p. 137). En efecto, contrariamente a los tremendos esfuerzos que se hacen para crear una diferencia abismal entre nosotros y los demás animales, la sensibilidad es un rasgo que nos une a ellos. Por lo tanto, es ilógico pretender que solo la especie humana sea digna de respeto. Lo que Rousseau nos dice aquí es que estamos obligados a respetar a los otros no por el hecho de que sean seres racionales, sino porque podemos dañarlos con nuestras acciones, es decir, porque son sensibles, susceptibles de padecer nuestras malas acciones.
En consecuencia, argucias tales como “los animales no son inteligentes”, “los animales no escriben libros” y otras por el estilo no son contundentes como para justificar su explotación, porque de ser así, entonces también sería permisible que los más inteligentes de entre nosotros tuvieran derecho a explotarnos. Estas características son tan arbitrarias como las que emplean los racistas para justificar “una raza superior”.
Como podemos ver, no hay una base racional que sustente la explotación animal, pero los viviseccionistas afirman que sí, porque, según ellos, con la vivisección se puede obtener algo bueno:
“El uso de animales en la investigación ha permitido grandes avances en el conocimiento y en el desarrollo de las ciencias biomédicas. Sin embargo, el hecho de realizar experimentos con seres capaces de sentir dolor, implica una responsabilidad hacia ellos por parte de la comunidad científica. La experimentación en animales requiere de normas y lineamientos éticos que les aseguren condiciones mínimas de sufrimiento y maximización de su bienestar y al mismo tiempo, se deben encontrar diferentes alternativas para sustituir a los animales en la búsqueda de respuestas y en la resolución de problemas que la medicina actual nos plantea.” (Vanda-Cantón, Beatriz, “La experimentación biomédica en animales en los códigos bioéticos”, Revista LABORAT-acta, México, Vol. 15, No.2, 2003, p. 69). (Éste es el tono de la discusión que actualmente se maneja en libros, revistas, foros y conferencias en relación a la vivisección).
Lo que se observa a primera vista es el descaro de la “comunidad científica”, cuando la autora dice que el hecho de realizar experimentos con seres capaces de sentir dolor implica una responsabilidad hacia los animales. ¿Qué tipo de preocupación puede tener un vivisector hacía los animales? Si de verdad estuvieran preocupados por el sufrimiento de los animales, obviamente se dedicarían a otra cosa. Sin embargo, el argumento es útil, porque por un lado nos dice que la vivisección es útil y necesaria y por otro nos dice que hay que reducir el sufrimiento de los animales al mínimo. Parece “razonable”, ¿no? Los vivisectores desean el bienestar de la humanidad, pero para eso inevitablemente tienen que hacer sufrir a los animales, por eso el sufrimiento debe ser el mínimo, por eso debe haber lineamientos éticos, nos dicen.
Intentan justificar sus crímenes sobre dos mentiras: 1. La vivisección es necesaria. 2. La ética lo puede tolerar. El primer punto lo desenmascararemos en el siguiente apartado, ahora desmintamos el primero.
El argumento de la utilidad que están empleando los viviseccionistas, es, en otras palabras, el siguiente: “el fin justifica los medios”. Pero si el fin justifica los medios, entonces que empiecen a practicar la vivisección entre ellos mismos y que nos demuestren un verdadero acto de amor a la humanidad, no utilizando seres vivos contra su voluntad. Porque si el argumento es ese, entonces también se puede justificar la vivisección de 100 hombres si con ello se benefician 1 millón de hombres. Pretender que las atrocidades no son tan malas, si con ellas obtenemos algo “bueno”, es simplemente inaceptable.
Además, como veremos más adelante, la vivisección no solamente no salva vidas humanas, sino todo lo contrario, ha sido la causa de miles de muertes humanas, de la expansión de nuevas enfermedades y también del retraso científico.
Es interesante saber, también, que cuando la vivisección empezaba en su forma moderna, no se planteaba la idea del bien para la humanidad. Se practicaba simplemente para mantenerse al día de los descubrimientos de otros o ir por delante de ellos. En esa época, un análisis de las consideraciones “éticas” en la experimentación animal hubiera sido motivo de risa.
Henry S. Salt, al hablar sobre la tortura experimental, en su libro Los derechos de los animales (1892), escribía sobre la cuestión que estamos analizando lo siguiente: “La afirmación que por lo común hacen los apologistas de la científica inquisición, según la cual se justifica la vivisección por su utilidad –por considerarla, de hecho, indispensable para el avance del conocimiento y la civilización- se funda en una visión a medias de la situación. El científico, como ya he señalado es un hombre semiculto. Supongamos (lo que sin duda es mucho suponer, ya que está en contradicción con la mayoría de los testimonios médicos de gran peso) que los experimentos del vivisector contribuyan al progreso de la ciencia quirúrgica. ¿Y qué? Antes de sacar la conclusión precipitada de que la vivisección es justificable por esa razón, un hombre sabio tomará plenamente en consideración el otro lado de la cuestión: el lado moral, la monstruosa injusticia de torturar a un animal inocente y el terrible daño que se inflige al sentido humanitario de la comunidad.”. Y más adelante: “Nada que sea aborrecible, repugnante, intolerable a los instintos generales de la humanidad, es necesario. Es mil veces preferible que la ciencia renuncie a la cuestionable ventaja de ciertos descubrimientos problemáticos, o que los posponga, a que se atente incuestionablemente contra la conciencia moral de la comunidad creando confusión entre el bien y el mal.” (Salt, Henry, Los derechos de los animales, Los libros de la Catarata, Madrid, 1999, pp. 93-94).
Por fortuna, no tenemos que renunciar a ningún conocimiento si la vivisección es abolida, todo lo contrario, se podrán evitar más desastres médicos, como el de la Talidomida, pero como dijimos, este punto lo analizaremos más adelante. En lo que ahora nos atañe (la supuesta moralidad de la vivisección), hay que hacer hincapié en lo señalado por Henry Salt: la confusión que se crea entre el bien y el mal cuando se argumenta que la vivisección es tolerable porque es útil. En efecto, si aceptamos, como hoy se acepta, que un acto de crueldad –como los que todos los días se protagonizan en los laboratorios de vivisección- es “éticamente aceptable” porque con ello podemos obtener algo útil, simplemente estamos muy lejos de todo sentido de moralidad.
La ética es una rama de la filosofía que se encarga del estudio de las relaciones del hombre con lo que le rodea, de lo bueno y lo malo respecto de nuestras relaciones con los otros, quienes, como hemos visto, pueden ser animales humanos o no humanos. Por lo tanto la ética o moral, no puede estar cimentada sobre intereses egoístas, porque entonces rompería con su originario sentido: la preocupación por el otro. De hecho el egoísmo, como bien señalo Arthur Schopenhahuer (quien también se opuso a la vivisección) es un móvil antimoral: no puede haber una acción moral si hay un interés egoísta de por medio.
La idea de que una acción en la que alguien se beneficia destruyendo a otro es correcta, está basada exclusivamente en el egoísmo y por tanto no puede ser moral. Exactamente como si los otros no existieran –enseñaba Schopenhahuer-, el egoísta piensa que todo gira alrededor de él, y escribió lo siguiente en su ensayo La compasión como fundamento de la moral: “Pensando yo en señalar con un rasgo la magnitud del egoísmo a fin de expresar sin prolijidad la fuerza de esa potencia antimoral, y buscando así alguna hipérbole bien enfática, acerté finalmente con ésta: algunos hombres estarían en disposición de matar a otro, simplemente para untarse las botas con su grasa. Pero me quedaba el escrúpulo de si era realmente una hipérbole.” (Schopenhahuer, Arthur, Los dos problemas fundamentales de la ética, ED. Siglo XXI, 3ª ed., Madrid, 2007, pp. 241-242). A ese ejemplo puede seguir este otro: “algunos hombres estarían dispuestos a extirparle los ojos a un gato simplemente para obtener un título universitario”, estando seguros de que no se trata de ninguna hipérbole.
Cuando tratamos el tema de la vivisección, inevitablemente viene a la mente el tema del sadismo. El egoísmo como móvil antimoral, en su forma más brutal se convierte en sadismo (que en la práctica son maldad y crueldad) y no es aventurado decir que entre “la comunidad científica” hay ejemplos vivos de ello. “El egoísmo puede conducir a crímenes y delitos de todo tipo: pero el daño y dolor causados con ello a los otros es para él simple medio, no fin, o sea que sobreviene solo accidentalmente. En cambio, para la maldad y la crueldad los sufrimientos y dolores de los demás son fines en sí mismos, y su consecución, placer.” (Ibidem, pp. 243-244).
Si no todos los vivisectores son sádicos, lo cierto es que la vivisección es una buena escuela para fomentar todas las tendencias destructivas que habitan en el hombre. La primera impresión que causa en la psique humana un acto de crueldad es de rechazo y abominación. Esas son, seguramente, las impresiones de un estudiante mentalmente sano al presenciar la primera vivisección. Si continúa por ese camino es muy probable que con el tiempo se habitúe a presenciarlas, hasta que finalmente no “sienta” o no sea capaz de comprender lo que está haciendo, pero peor aún es cuando encuentra satisfacción en su “oficio”.
Hans Ruesch documentó varios episodios en Slaugther of the innocent donde el sufrimiento de los animales es motivo de risa para la confraternidad de los vivisectores. Relata un episodio que aconteció en el Centro Medico de la Universidad de Tulane, (Nueva Orleáns) donde 350 monos rhesus fueron estampados contra la pared simulando accidentes de tráfico, uno de ellos “chilla atemorizado mientras el “patólogo” sonriente intenta calmarlo haciéndole cosquillas en su axila.” (Ruesch, Hans, Vivisection is scientific fraud, CIVIS, 1995, p. 10). Narra también, como unos estudiantes de medicina se reían, al ver como un perro hambriento, al que se le había perforado la garganta, miraba angustiado viendo cómo la comida caía al suelo a través de ésta.
En un debate en el Instituto de Fisiología en de la Universidad de Berna en Suiza, en 1903, entre su director, el Profesor H. Kronecker, y Magnus Schwantaje, un escritor y filósofo alemán, este último contestó a la aseveración del primero de que los vivisectores no eran crueles, leyendo en voz alta lo que los propios vivisectores habían publicado; sin embargo no pudo continuar porque “cada vez que leía las descripciones que relataban cómo los animales eran hervidos o despellejados vivos, o cómo eran sometidos a extirpaciones de órganos, o cómo sufrían la disección de su espina dorsal y otras barbaridades semejantes, los estudiantes se reían a carcajadas” (Cfr. Ruesch, Hans, Slaughter of the innocent, Cap. VII). Nuestro autor documentó más casos en los que los terribles sufrimientos causados a los animales eran motivos de risa para sus verdugos.
Éstos son claros ejemplos de lo que puede hacer la vivisección: la formación de hombres totalmente deshumanizados y sanguinarios. Al vivisector podemos aplicarle perfectamente las palabras de Erich Fromm cuando hablaba en estos términos de los necrófilos: “Para él la mayor hazaña del hombre no es dar vida, sino destruirla; el uso de la fuerza no es una acción transitoria que le imponen las circunstancias, es un modo de vida.” (Fromm, Erich, El corazón del hombre, FCE, México, 1983, p. 39).
¿Todavía queremos hablar de ética en la experimentación animal, cuando en realidad se trata de una práctica totalmente antimoral? ¿Queremos seguir fomentando una práctica que es el signo más indefectible de deshumanización y de bajeza moral? Si la barbarie y la violencia pueden ser justificadas éticamente, entonces Hitler y Stalin fueron verdaderos apóstoles de la ética.
Como podemos ver, la vivisección no solamente no es una práctica que se pueda justificar éticamente, sino que representa exactamente lo contrario: el mayor grado de corrupción y perversión moral que puede haber.
En este contexto, resulta absurdo pretender reglamentar la vivisección, o lo que es lo mismo, la tortura, en base a normas y supuestos lineamientos éticos como pretenden los vivisectores. “Discutir sobre leyes que admiten por principio la presunta necesidad de los experimentos con animales es como discutir sobre la necesidad del asesinato, de la violación o de otros crímenes.” (Schär-Manzoli, Milly, Holocausto, ATRA – AG STG, Suiza, 1996, p. 218).
Si algo es moralmente incorrecto, ninguna legislación puede convertirlo en algo bueno. El hecho de que la vivisección sea legal no significa que sea correcta. Y teniendo en cuenta que así como es una práctica antimoral es también una práctica anticientífica, debe ser ilegalizada, no reglamentada.
Así como la vivisección retrasa el progreso científico, también retrasa el progreso moral. Éste es una parte importantísima del desarrollo humano, pero cuando los vivisectores hablan de él lo hacen con una connotación materialista. El progreso humano no solamente debe medirse con criterios técnicos, sino también con criterios humanitarios. ¿Qué tanto ha progresado la humanidad a este respecto? Más bien parece que vamos en sentido contrario y que aún nos encontramos en un estado de barbarie; y la vivisección contribuye en mucho a este retraso.
Es nocivo para el progreso humano que miles de hombres y mujeres se estén formando con una mentalidad viviseccionista. Lo único que se puede aprender de la vivisección es que en esta vida cualquier medio, no importa lo bárbaro que sea, puede ser empleado para prosperar en ella. Y la sociedad lo consiente: los vivisectores son personas respetables de la sociedad, hasta se les puede dar el premio Nobel; en contraste, personas que han arriesgado sus vidas por liberar animales están en la cárcel. No hay duda de que las cosas están de cabeza.
El argumento de que el sufrimiento de los animales debe ser el mínimo tampoco es aceptable. En primer lugar, ¿quién les puede creer que estén interesados en los derechos de los animales? Ni ellos mismos, ¿De qué manera un violador puede estar interesado en los derechos de las mujeres? Si de verdad están preocupados por los derechos de los animales que abandonen la vivisección, como de hecho algunos antiguos experimentadores lo han hecho. En segundo lugar hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿permitiríamos la vivisección en nuestros niños a condición de que se les haga sufrir sólo el mínimo? Obviamente que no.
Hasta aquí hemos visto que la vivisección no solamente no es una práctica ética, sino que además corrompe la moral pública y retrasa el progreso moral de la humanidad favoreciendo los instintos más destructivos de ésta. Sin embargo, resta decir algo más; la vivisección, como toda forma de explotación animal es aún más intolerable porque se practica contra seres totalmente indefensos que no pueden protestar ni reclamar sus derechos.
Lo que la especie humana está haciendo hoy a los animales no lo hace en base a consideraciones éticas, sino simplemente porque dispone de la fuerza necesaria para imponer sus caprichos y sus falsas necesidades a los otros animales: “Lo que los humanos hacen a otros animales según sus deseos ejemplifica las teorías racistas más extremas: el principio de que el poder da derecho.” (Cfr. Bashevis Singer, Isaac, Enemies, a love history). Por lo tanto todos los esfuerzos que hacen los vivisectores para encubrir las atrocidades que cometen a puerta cerrada contra los animales y que pretenden disfrazar de éticas, son en vano:
“Al final eres lo que eres
Ponte pelucas de millones de rizos
Pon largas medias en tus pies
Pero siempre sigues siendo lo que eres” (Goethe, Fausto)


2. LA VIVISECCIÓN ES UN FRAUDE CIENTÍFICO.

“Nuestras manos están vacías,
únicamente nuestra boca está llena de promesas”
(Confesión de Claude Bernard en su lecho de muerte)

No son pocos los científicos que han rechazado la vivisección como método científico de investigación. 1000 doctores (y muchos más) contra la vivisección es el título de un libro escrito por el señor Hans Ruesch en el que precisamente citaba a más de mil autoridades médicas que rechazan la vivisección por motivos científicos. Nuestro autor posteriormente escribió Matanza de Inocentes, el primer libro que demostró que la vivisección es un fraude pseudocientífico inspirado por el deseo de obtener beneficios económicos. Inmediatamente fue censurado en algunos países por presiones de la industria farmacéutica, porque en él se demuestra que la vivisección es un método anticientífico de investigación que solo sirve para comercializar productos peligrosos, pero muy lucrativos para ésta.
En el capítulo dedicado a la historia de la medicina, Hans Ruesch demostró que ninguno de los avances médicos se ha conseguido gracias a la experimentación animal como afirman los vivisectores, y que en cambio si ha conseguido  matar y causar daños irreversibles a millones de personas en todo el mundo.
El libro ha sido deliberadamente ignorado por los medios oficiales de comunicación, quienes están más interesados en promocionar los “nuevos” y “mejorados” productos que la industria farmacéutica pone a la venta que en decir la verdad. Las pruebas son ocultadas y el fraude de la vivisección continúa expandiéndose.
Mientras tanto, los vivisectores y sus partidarios siguen engañando deliberadamente al público diciendo que la experimentación animal es útil y benéfica, y que sin ella la humanidad perecería. Uno de ellos, -aunque parezca increíble- es el autor de la “Biblia de los derechos de los animales”, Peter Singer, quien es presentado por muchas organizaciones animalistas como un “defensor de los animales”. Singer, al igual que muchos vivisectores defiende el uso de animales para experimentación “en algunos casos”. Personas como él representan un obstáculo para la abolición de la experimentación animal, porque sus opiniones resultan incluso peores que las de los vivisectores sin máscara. Aunque la de él en especial, resulta todavía peor, porque se supone que es un “defensor de los animales”. Sus declaraciones sólo sirven para crear confusión sobre la verdad del asunto y para ayudar a propagar el fraude de la vivisección: ¡Si hasta Peter Singer dice que la vivisección es necesaria! Veamos lo que el “gurú” del movimiento de liberación animal opina sobre la tortura experimental:
“La experimentación animal ciertamente sirve, en ocasiones, a propósitos importantes y valiosos. Aunque muchos experimentos son triviales y constituyen una pérdida de tiempo y dinero (aparte de que constituyen un abuso de los animales), otros nos llevan desde luego a logros significativos de nuestro conocimiento de los procesos biológicos y en la prevención y el tratamiento de las enfermedades. Quizás en el largo plazo sea posible obtener este conocimiento mediante técnicas alternativas que no impliquen animales; pero la posibilidad de tales opciones futuras no niega los beneficios obtenidos ahora con algunos experimentos”. Y continúa: “El conocimiento obtenido con algunos experimentos en animales ciertamente salva vidas y reduce sufrimiento. Por consiguiente, los beneficios de la experimentación en animales superan a las de comer animales y aquélla práctica tiene mejores posibilidades de justificarse que ésta última; pero esto se aplica sólo cuando un experimento en un animal cumple con condiciones estrictas relacionadas con la importancia del conocimiento adquirido, la falta de técnicas alternativas que no impliquen a animales, y el cuidado que se ponga en evitar el dolor.  En estas condiciones se puede defender la muerte de un animal en un experimento.” (Singer Peter, “El valor de la vida”, en Los caminos de la ética ambiental (Vol. I), Issa, Jorge y Kwiatkowska, Teresa (compiladores), Plaza y Valdés Editores, México, 2003, p. 242)
Si no supiéramos que éstas son palabras de Peter Singer, juraríamos que nos encontramos ante un vivisector consumado. Porque incluso, hasta el mismo Claude Bernard, fundador del método viviseccionista moderno, era conciente de que las variaciones inter-especies hacen que sea imposible extrapolar los resultados obtenidos con animales a la especie humana (Cfr. Bernard, Claude, Principios de Medicina Experimental). Prueba de ello es que lo que para algunos animales es mortal para otros es alimento, y que algunos animales toleran dosis 100 veces mayores o 100 veces menores de algunas sustancias que los seres humanos.
Por ejemplo, los perros pueden soportar hasta 20 dosis más de morfina que un hombre, pero ésta produce excitación en gatos y ratones. Nuestras almendras pueden matar a los zorros y las gallinas, y el perejil es venenoso para los loros. El arsénico, veneno para el hombre puede ser tragado en grandes cantidades por las ovejas. Una dosis de opio mortal para un hombre es inofensiva para los perros y las gallinas. La penicilina es mortal para los gatos y los conejillos de indias, pero es medicinal para los humanos. Y las aspirinas son mortales para los gatos. En realidad la experimentación animal es absurda por varios motivos:
-Los  animales no reaccionan como los seres humanos. Cada especie reacciona de manera diferente, y no es posible determinar científicamente si los resultados obtenidos con una especie son aplicables a cualquier otra.
-La materia orgánica, de la que estamos compuestos todos los seres vivos, no reacciona a los experimentos de laboratorio de manera uniforme, al contrario que la materia inerte.
-Las enfermedades que los vivisectores provocan a los animales de forma artificial no tienen nada que ver con las que se desarrollan en humanos de forma espontánea.
Claro, Peter Singer hace afirmaciones gratuitas cuando dice que hay experimentos que “nos llevan desde luego a logros significativos de nuestro conocimiento de los procesos biológicos y en la prevención y el tratamiento de las enfermedades.” porque nunca cita ningún ejemplo para corroborar su afirmación, en cambio nosotros sí podemos citar ejemplos que muestran lo contrario, de medicamentos que después de ser declarados seguros en las pruebas con animales resultaron inseguros para los humanos:
En 1971, 1500 personas tuvieron que ser hospitalizadas a causa de un medicamento “seguro” llamado Paracetamol. “En Estados Unidos, Orabilex produjo daños renales con resultados fatales, MEL/29 provocó cataratas y Metaqualone causó problemas psíquicos que condujeron a la muerte en 366 casos” (Cfr. Ruesch, Hans, Slaughter of the innocent).
El caso de la Talidomida es muy interesante, porque demuestra no sólo la total impotencia de la experimentación animal para curar y prevenir enfermedades, sino también su “capacidad” para crear enfermedades que antes no existían.
La Talidomida, un tranquilizante que había sido definido como “el más inofensivo de la historia de la terapéutica moderna” fue comercializado después de 3 años de minuciosas pruebas con miles de animales. ¡A causa de este nuevo medicamento más de diez mil niños nacieron con malformaciones! Chemie Grünenthal, la empresa farmacéutica responsable, fue procesada por haber comercializado un medicamento nocivo, pero fue absuelta del cargo porque los “científicos” (vivisectores) que testificaron en el juicio dijeron que “los resultados con animales nunca pueden ser aplicables al hombre”. De hecho, mientras se celebraba el juicio se efectuaron nuevas pruebas. Las dosis se incrementaron considerablemente, se multiplicó el número de especies; ratas, ratones, perros y hasta 150 variedades de conejos dieron resultados negativos. Finalmente cuando se realizaron experimentos con el conejo de Nueva Zelanda se pudieron obtener pocas crías con malformaciones y, poco después, también algunos monos deformes, es decir, después de que se utilizaron millones de animales durante años. ¿Puede haber prueba mayor de la absoluta inutilidad de la vivisección, de su fracaso científico, de absoluta incompetencia?
¿A este tipo de beneficios se refiere Peter Singer? ¿O acaso a los beneficios multimillonarios de la industria farmacéutica? Porque es obvio que los 10 mil niños víctimas de la Talidomida y sus familiares no se encuentran entre los beneficiados de los experimentos con animales.
Isoproterenol, Trilergan, Flamanil, Eraldin, son solo algunos de los medicamentos que dieron resultados negativos en animales, pero que sin en embargo fueron capaces de atrofiar la salud de sus consumidores. Este último fue capaz de causar daños en la vista y en el tracto intestinal de cientos de consumidores y matar a 18 de ellos a pesar de haber sido comercializado después de 7 años de “minuciosas” pruebas con animales. Claro, todos ellos han dejado cuantiosas ganancias a sus fabricantes.
Paralelamente, el uso de la digital, un remedio que ha beneficiado a las personas cardiacas salvándoles la vida, fue retrasado por mucho tiempo, porque se probó primero con perros, y en ellos aumenta la presión sanguínea. Al igual que el cloroformo, un anestésico que no fue empleado durante años, porque es tóxico para los perros. ¿A estos logros se refieren Singer y los viviseccionistas?
La experimentación animal es un método anticientífico, por lo tanto no hay experimentos que “ciertamente sirvan en ocasiones” como asegura Singer, ni se trata tampoco de buscar “alternativas” a la vivisección, porque ésta es un método anticientífico de investigación.
Y así lo confirman eminentes autoridades médicas, como Sir Charles Bell, el fisiólogo que formuló la teoría sobre la diferenciación de los nervios motores y sensoriales (Ley de Bell), quien se opuso a la vivisección por motivos éticos y científicos.
Peter Singer puede opinar lo que él crea acerca de “el valor de la vida” y sobre las consideraciones “éticas” de la experimentación animal, pero no puede hacer declaraciones que pertenecen al ámbito de la ciencia, contradiciendo a autoridades médicas mas cualificadas para evaluar la situación.
En oposición a lo que opina Singer sobre la vivisección, leamos algunos testimonios médicos que abordan la cuestión:
“Como investigador me dedico al estudio de la mutagénesis (origen de las mutaciones) y de la carcinogénesis (origen del cáncer), dos campos en los que es básico experimentar. Por tanto, sé de lo que estoy hablando, y digo “NO” a la experimentación animal, no solamente por motivos éticos, sino también por razones científicas. Se ha demostrado en múltiples ocasiones que los resultados obtenidos en los experimentos efectuados con animales no son aplicables en absoluto a los seres humanos. Existe una ley relacionada con el metabolismo (conjunto de todos los procesos físicos y químicos que tienen lugar continuamente en los organismos vivos) que nos permite determinar que una reacción bioquímica que haya sido establecida para una especie en concreto solamente es válida para esa especie en particular, y que no lo es para ninguna otra. Frecuentemente, dos especies muy parecidas –como la rata y el ratón, por ejemplo– reaccionan de manera completamente diferente. Se pueden realizar experimentos con otros muchos métodos que ofrecen tres ventajas:
-Fiabilidad científica.
-Ahorro de tiempo (los resultados que tardan 6 meses en conseguirse experimentando con animales pueden lograrse en dos semanas con cultivos celulares “in vitro”).
-Costos más reducidos.
¿Por qué continúan experimentando con animales entonces? En primer lugar, por el retraso mental y cultural de los viviseccionistas. Además, la vivisección sigue practicándose porque las leyes desfasadas ordenan la realización de experimentos con animales para otorgar el permiso necesario para la venta de medicinas. Las leyes actuales deben ser abolidas. La experimentación animal es engañosa, inútil, cara y, sobre todo, es cruel”. (Entrevista a Gianni Tamino, un congresista italiano que se dedica también a la investigación en la escuela de medicina de la Universidad de Padua, publicada en el semanario italiano Domenica del Corriere, Número 48, 1 de diciembre de 1984).
En unas declaraciones publicadas en Quick el 15 de marzo de 1979 el Profesor Heinz Oeser dijo: “Como especialista en cáncer dedicado a la práctica clínica no puedo estar de acuerdo con los investigadores que creen que los resultados obtenidos con los animales de laboratorio son aplicables a los seres humanos”. (Ruesch, Hans, Vivisection is scientific fraud, Op. Cit. P.25)
El Profesor Helmut Mommsen, pediatra alemán de Frankfurt, en Civis-Schweiz Aktuell, Zurich, diciembre de 1980 escribió: “Toda nuestra medicina está dominada y atemorizada por la ciencia analítica. Su investigación médica no tiene nada que ver con la salud. La eliminación de los síntomas es presentada falsamente como una recuperación de la salud, pero dificulta e impide conseguir una verdadera salud. Un niño cuya fiebre es eliminada precipitadamente mediante la administración de antibióticos está más enfermo que antes de recibir la medicación, se vuelve más vulnerable a las enfermedades y se convierte en un enfermo crónico. La ciencia analítica ha formado a doctores cuyas facultades mentales no van más allá del principio de “2 x 2 = 4”. No practican la observación elemental, y la rechazan porque creen que es “subjetiva”. Dicha actitud ignorante es también responsable de los repugnantes experimentos que se realizan con animales, que son una clara señal de incapacidad mental” (Idem).
Ahora pongamos atención a los siguientes casos:
“En los años 20, se extendió un enorme júbilo por todo el mundo cuando el Profesor Serge Voronoff anunció que podía devolver la sexualidad juvenil a las personas de edad avanzada mediante la implantación de glándulas de mono, y la prensa mundial se llenó con caricaturas de hombres muy mayores persiguiendo a jóvenes enfermeras después de someterse a la operación. ¿Quién ha vuelto a oír hablar de ese “milagro”?
“En los años 60, Christiaan Barnard causó una reacción similar con su primer trasplante de corazón, que fue presentado por los “escritores de temas científicos” como una esperanza para poder alcanzar la vida eterna, aunque lo cierto es que llevó a la tumba a cientos de pacientes engañados que si no se hubieran sometido a la operación podrían seguir vivos actualmente, y además provocó unos horrores que continúan aumentando. El último de ellos fue el sádico experimento viviseccionista de “Baby Fae” (El 26 de octubre de 1984, el Dr. Leonard L. Bailey, del Centro Médico de la Universidad de Loma Linda, implantó el corazón de un babuino en el pecho de Baby Fae, una niña nacida con un grave defecto cardiaco conocido con el nombre de “Corazón Izquierdo Hipoplástico”. Baby Fae murió pocos días después del trasplante a causa del rechazo, lo que no fue una sorpresa para quienes conocen el sistema inmunológico humano y las realidades científicas que impiden el éxito de los xenotrasplantes). Los responsables del experimento pudieron eludir la cárcel o la silla eléctrica solamente gracias al absurdo sistema de “juicio por profesionales semejantes”, que fue impuesto a los legisladores legos en cuestiones médicas por el clero de la “medicina moderna”, con el apoyo de los lobbies petroquímicos de todo el mundo.
“Entretanto, los payasos de los laboratorios habían procedido a desarrollar un corazón artificial para humanos después de probarlo con cuadrúpedos por razones que ninguna mente cuerda podría comprender, y los crédulos “escritores de temas científicos” de todo el mundo definieron su primera aplicación a un paciente humano como un “enorme logro”, que estaba inevitablemente condenado al fracaso como todos los demás “importantes logros” de la medicina mecanicista.
“Después de pasar décadas realizando experimentos con innumerables terneros y con otros animales para desarrollar ese primer corazón artificial, bastaron menos de 48 horas para descubrir que no funcionaría durante mucho tiempo en un ser humano y que, por lo tanto, nunca solucionaría los problemas cardiacos, por razones que cualquiera que tenga unas nociones elementales de biología podría haber pronosticado. Según los informes publicados, los primeros pacientes que recibieron un corazón artificial no solamente sufrían unos dolores tan insoportables que imploraban que les dejaran morir (un favor que les fue negado por sus heroicos cirujanos, que estaban insensibilizados y acostumbrados a los dolores de los animales), sino que además experimentaron una grave “confusión mental”.
“¿Por qué? Porque un corazón natural reacciona a las emociones y a otras influencias del sistema nervioso. El miedo o la ira, por ejemplo, aceleran inmediatamente el ritmo cardiaco, mientras que el descanso y el sueño lo reducen gradualmente. Un corazón natural también es sensible a la sutil interacción de los procesos físicos y químicos (metabolismo), que se produce constantemente en todos los organismos vivos. Sin embargo, un corazón mecánico bombea a un ritmo constante, sin tener en cuenta los impulsos procedentes del sistema nervioso, y ese hecho biológico no cambiará con futuros corazones artificiales más “sofisticados”.
“La investigación basada en el uso de animales, provocada por el deseo de obtener subvenciones e inspirada por un concepto mecanicista de la salud que ignora las leyes psicosomáticas biológicas, es un callejón sin salida.” (Ibidem, p. 26)
Como vemos, es un hecho generalmente reconocido que ningún experimento con animales puede proporcionar un resultado fiable sobre la seguridad y los efectos de los nuevos medicamentos en los seres humanos, porque como hemos señalado más arriba, las diferencias en la fisiología, la bioquímica, el metabolismo y la histología (estructura de los tejidos) de las diferentes especies hacen imposible que se puedan extrapolar los resultados obtenidos con animales a la especie humana. Prueba de ello es que todos los días son retirados del mercado varios medicamentos a causa de su inutilidad o de su peligrosidad.
Por lo tanto, tomando en cuenta todas estas consideraciones, la vivisección representa un peligro para la salud pública, y la única solución racional que podemos presentar es su abolición. La vivisección solo cumple la función de proveer una coartada cuando algo sale mal, porque las firmas farmacéuticas se pueden respaldar diciendo que efectuaron las pruebas legalmente establecidas.
En cuanto a Singer solo nos resta decir que no es un defensor de los animales, ni siquiera un defensor de su propia especie, porque al defender la vivisección implícitamente se vuelve cómplice de los crímenes cometidos contra los animales y la especie humana.
En realidad, el método viviseccionista solo sirve a las compañías farmacéuticas para inundar el mercado con nuevos productos nocivos que ponen en riesgo la salud de las personas. Aunque también puede servir para obtener un título profesional, fama, prestigio y dinero de forma fácil.
El único conocimiento significativo que se ha obtenido de la vivisección es el siguiente: “mostrarnos cuál es el punto más bajo de degradación al que puede llegar el ser humano, si es que eso es lo que queríamos averiguar.” (Hans Ruesch).
(Este punto podría ser extendido con multitud de ejemplos que prueban la inutilidad y la peligrosidad de la vivisección, sin embargo consideramos que con lo expuesto hasta aquí es suficiente para demostrar que la vivisección es una práctica no científica. Para quienes deseen informarse en profundidad sobre este tema se recomienda el libro mencionado al principio de este punto: Slaughter of the innocent de Hans Ruesch).
CONCLUSIÓN.
La vivisección no es una práctica ética ni científica.

Raúl Cruz

domingo, 15 de abril de 2012

¡Adiós, tonto gatito!

¡Adiós, tonto gatito!*
*Este artículo de Hans Ruesch apareció originalmente en Boletín CIVIS-SCHWEIZ, en la navidad de 1983. Poco antes, la fotografía del gatito con la leyenda “HILFE, LAAST MICH HIER RAUS!” (“¡Ayuda, sáquenme de aquí!”) había sido publicada en la portada de Stern, el semanario alemán de mayor circulación. Cinco años después, Hans Ruesch volvió a publicar el artículo en el Boletín CIVIS No. 2, “The Infiltrarion in Animal Welfare”.

No, tonto gatito, nadie te liberó, a pesar de que tu foto y tu grito de ayuda estaban en exhibición en todos los quioscos de periódicos de Europa, donde millones de personas los vieron, y probablemente millares no pudieron dormir la noche siguiente. Sin embargo, esto es todo lo que han hecho –incluso yo-. Durante un momento de locura esperábamos que algunos de esos chicos que liberan animales de los laboratorios corrieran a salvarte, pero, naturalmente, las probabilidades eran enormemente contrarias, porque la policía protege a los torturadores de laboratorio y no a sus víctimas; los héroes son pocos, y millones de animales candidatos a morir en los laboratorios pseudocientíficos para proporcionar una coartada a los traficantes de drogas.

Pronto serás inmovilizado en un aparato estereotáxico, con tanta fuerza que no lograrás mover la cabeza, ni siquiera un pelo, tal vez dos barras de acero serán introducidas en las órbitas vacías de tus ojos, y dos prensas te presionarán las orejas tan fuertemente que tus tímpanos podrían reventar, pero no te preocupes, se hará porque no influirá ni un poco el resultado del experimento, según cuanto dicen los catálogos de los fabricantes, Lab-Tronics y H. Neuman & Co., cerca de Chicago, que envían tales instrumentos de tortura a los laboratorios de todo el mundo. Sin embargo, lo que importa es tenerte absolutamente inmóvil, mientras la verdadera acción comienza.

Demonios de bata blanca, disfrazados de “científicos”, te harán agujeros con un taladro en tu pequeña cabeza, e introducirán cánulas, sensores, y electrodos en tu pequeño cerebro, para repetir una vez más en tu sistema nervioso los mismos insensatos experimentos efectuados desde el fin del siglo pasado; experimentos que no han aportado beneficios de ningún tipo, ni a la especie humana ni a la felina, sino únicamente a los mismos experimentadores, a quienes han procurado satisfacción personal, a veces fama y honores, y quizá incluso un Premio Nobel, como en el caso del Prof. Walter Hess de la Universidad de Zurigo, antes que se supiera que todas sus conclusiones eran erróneas y habían causado daños incalculables a un número no revelado de pacientes. En cualquier caso, las obras pseudocientíficas de este señor y de sus colegas, si es que todavía están en algunas bibliotecas médicas, por más que nadie las lea, han sido colocadas allí con la ayuda de tontos gatitos como tú.

Porque tú fuiste creado sólo para “servir” a la especie humana. ¿No lo sabías? También el Papa lo ha dicho explícitamente, probablemente con base en su creencia de que tú no tienes un alma (algo que sin embargo no puede demostrarse), mientras que tus torturadores sí la tienen (y tampoco esto es algo que pueda demostrarse), porque “están hechos a imagen de Dios”. ¡Hermosa imagen!

Y, naturalmente, los jóvenes químicos continúan repitiendo y perpetuando todo esto, así como los fabricantes de productos que están envenenando la Tierra y matando a la gente por millones, los gobiernos y los políticos que pagan la nómina, los profesores universitarios y los rectores, los medios de comunicación que se ganan la vida cómodamente, no informando a la opinión pública sino manipulándola, y también los dirigentes de las grandes asociaciones para el bienestar de los animales, como la RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) y la WSPA (World Society for the Protection of Animals) y El Eurogrupo y la HSUS (The Humane Society of the United States), etcétera, que en lugar de dar a conocer el daño evidente, enorme, causado cotidianamente a la especie humana por los métodos erróneos de investigación médica, ocultan deliberadamente este hecho con cortinas de humo de pueriles charlas filosóficas –como los viviseccionistas quieren que hagan, bajo el pretexto de que la humanidad debe ser “salvada”, y que sólo con el sacrificio tuyo y el de tu especie esto se puede obtener-.

Naturalmente, tonto gatito, para cuando seas inmovilizado en uno de sus aparatos estereotáxicos, probablemente habrás llegado a la conclusión de que la humanidad no puede ser todo eso que se dice de ella, y, desgraciadamente, tendrás razón. En efecto, el hombre es el único animal capaz de matar a sus hijos porque lo molestan mientras duerme. Y también el único macho que golpea a su hembra, si bien algunos graciosos argumentarán que la mujer es la única hembra que merece ser golpeada. El hombre es el único animal que asesina a todas las especies conocidas, incluida la suya, e, incesantemente, erosiona el suelo y daña su hábitat hasta hacerlo inhabitable, sin embargo se considera –sólo porque es capaz de sembrar más muerte y caos que todas las demás especies juntas– la más inteligente de las especies, la única que merece sobrevivir.

Gato inmovilizado en un aparato estereotáxico. Millones de animales son torturados cada año "por el bien de la humanidad".

¿Qué esperas de una especie así, tonto gatito? Pero, tal vez, sólo quieres saber porqué siempre es tu especie la utilizada para los experimentos más dolorosos y prolongados que existen. Es porque has tenido la mala suerte de nacer con un sistema nervioso extremadamente sensible, mucho más sensible que el de tus atormentadores, pero al mismo tiempo eres también más resistente que la mayoría de los otros animales. He aquí el porqué.

Pero no grites cuando te lastimen, tonto. Si lo haces, “ellos” te cortarán las cuerdas vocales, porque “ellos” son de corazón sensible y no soportan los chillidos de los animales. De hecho, muchos de ellos no sólo son grandes filántropos, sino también verdaderos amantes de los animales, que dicen sufrir más que tú a causa del dolor que, por pura filantropía, te infligen.

Y, ahora, adiós, tonto gatito. Espero que mueras antes de que comiencen las fiestas de Navidad, porque durante esas fechas corres el riesgo de permanecer durante días sin agua, inmovilizado en tu aparato de contención. Mas no contemos con ello, porque vivisectores como el prof. Konrad Akert, capo líder de la Universidad de Zurich, y el prof. W. D. M. Paton de Oxford –Sir William, nombrado caballero de su Graciosa Majestad la Reina por su incesante trabajo sobre cerebros de gatos– junto con sus colegas han llevado a cabo estos experimentos tan increíblemente a menudo, con idiota repetitividad, que han llegado a ser bastante hábiles en prolongar la agonía. Asimismo ninguno de ellos ha sido nunca capaz de nombrarnos un sólo paciente al que hayan curado, mientras que nosotros podemos nombrar a un gran número de personas que han sido dañadas de por vida, o que incluso han muerto, a causa de su torpe y contraproducente método de pseudoinvestigación.

Pero, quizá, puedes recibir una especie de aterrador consuelo del siguiente pensamiento, desafortunado gatito. Piensa sólo esto: de una tonta pequeña cabeza como la tuya, hombres “importantes” como Sir William Paton esperan, en efecto, encontrar algún día qué hacer con sus propios cerebros defectuosos y con el gran agujero negro que tienen dentro, y es tanta su preocupación que los experimentos sobre el cerebro han llegado a ser en sus vidas una obsesión.

Ahora, debemos dejarte, desafortunado gatito. Espero que mueras rápidamente. Es, verdaderamente, lo único que podemos desearte. Quizá nos encontremos algún día, en algún otro mundo, que únicamente podrá ser mejor que este.



**La presente traducción ha sido realizada a partir de la versión italiana de la Fundación Hans Ruesch para una Medicina sin Vivisección: www.hansruesch.net


PUBLICADO EN EL TERCER NÚMERO DE LA REVISTA TIEMPO ANIMAL, MÉXICO.


sábado, 31 de marzo de 2012

Binomio de crueldad: antirrábicos y experimentación animal en la Ciudad de México

Binomio de crueldad: antirrábicos y experimentación animal en la Ciudad de México

Por Liliana Dircio**


La pasta dentífrica para refrescar tu aliento, la caja de tu cereal favorito, la pastilla para esa jaqueca desquiciante, el tinte para tu cabello, el perfume o loción de tu línea favorita, los  somníferos para conseguir estar en los brazos de Morfeo, el saborizante artificial de tu helado de fresa o de pistache, el esmalte de los muebles en tu casa, el antigripal de moda de la firma farmacéutica reconocida o desconocida... casi todo lo que tú consumes ha sido antes probado en otras vidas.
Nos referimos a la experimentación con animales, práctica institucionalizada en la medicina experimental desde el siglo XIX. Consiste en la manipulación expresa de diversas especies de animales a situaciones y estados patológicos, con el fin de obtener un determinado efecto o resultado hipotético, el cual a través de la sistematización, se convierte en un conocimiento generalizado.
De esta forma, varios animales son utilizados en prácticas académicas; en toxicología, por empresas farmacéuticas y cosméticas para probar sus productos; en institutos de investigación y hospitales; en experimentos de biotecnología, y en prácticas militares.
Según Vernon Coleman, médico inglés objetor al uso de animales en experimentación, un promedio de 100 mil a 125 mil animales son utilizados cada hora en diversas partes del mundo, es decir, alrededor de 250 millones de animales son sacrificados anualmente. Otras organizaciones de bienestar animal señalan cifras entre 300 y 500 millones. No se sabe a la fecha un número exacto, esto se debe, principalmente, a la ausencia de un control riguroso sobre la cantidad de especies y sus miembros usados en los protocolos. Hasta ahora, no existe una entidad federal o local en la mayoría de los países, responsable en censar estos datos de manera estricta.
Sólo Estados Unidos requiere al año alrededor de 17 y 70 millones de animales, sin contar pequeñas especies como ratones, ratas y pájaros, las cuales representan el mayor porcentaje -un ochenta y noventa por ciento- de animales usados. Inglaterra, país que solicita a sus investigadores reporten el número de experimentos realizados, utiliza entre 3 y 5 millones de animales por año.
En México, no contamos ni siquiera con un esbozo de cifra, ante la inexistencia -como ya se mencionó- de alguna institución oficial interesada en recabar los datos. La Secretaría de Salud, hospitales pertenecientes al IMSS e ISSSTE, SAGARPA, firmas farmacéuticas y de cosmética y universidades, "cuentan con alrededor de 100 a 150 bioterios", según la revista Elementos, órgano periodístico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP. Pero el número y especies de animales, sigue siendo desconocido.
En un intento de clarificar números, la misma BUAP reportó en 1999 el uso de animales en su bioterio, de octubre de 1998 a julio de 1999 utilizó una cantidad de 14,969 seres vivos.  Representada  de la siguiente manera: 4,125 ratas; 3,751 ratones; 2,882 embriones de pollo; 2,854 perros; 507 cobayos; 436 conejos; 212 anfibios; 93 tortugas; 74 gatos y 35 hámsteres.  
El editor de Elementos, Enrique Soto, hace una observación sobre la cifra elevada de perros: de los 2,854, se utilizaron 2,754 para prácticas en la Facultad de Medicina de esa universidad,  "... y nos consta, hasta hace muy poco recibían un trato nada humanitario", revela el editor.
El Centro UNAM-Harlan, ubicado en la Facultad de Química en Ciudad Universitaria, produce entre 15 mil y 18 mil ratas y ratones ¡a la semana! O sea, una producción anual de 720 mil a 864 mil animales, los cuales son vendidos a la industria farmacéutica, a otros centros universitarios, y por supuesto, a la propia UNAM.
Las cifras reveladas por el bioterio de la BUAP, 14,969 animales utilizados en nueve meses, y el centro UNAM-Harlan, con un promedio de 800 mil producidos en un año, son  los números reportados de sólo dos instancias relacionadas con la experimentación de animales en nuestro país. Quizás sirvan de ejemplo para tener una idea de la cantidad de animales usados en territorio nacional.
Según sean los fines del experimento o de la práctica, será empleada la especie animal, el prototipo está representado por ratones, ratas, conejos, peces, gatos y perros. También se utilizan tortugas, moluscos, arácnidos, cerdos, mamíferos marinos, aves, primates, caballos, corderos, vacas y otros roedores.

PROVEEDORES DE LA MATERIA PRIMA

Milly Schär-Manzoli -periodista suiza, premiada con la Medalla Albert Schetzer por sustentar el movimiento antiviviseccionista- reveló, a través de sus investigaciones, cómo el uso de animales para la investigación se ha convertido en un negocio redondo, en una industria. Esto se debe a la existencia de una pirámide construida con un preciso orden de dominio, donde se encuentran empresas químicas, criaderos, instalaciones, traficantes, equipo de restricción para los animales, alianzas políticas y la publicidad de los medios de comunicación, los cuales han ejercido un papel determinante en una cultura consumidora de medicamentos y productos farmacéuticos, muchos de ellos, como lo indica la OMS, innecesarios.
La materia prima en la industria de la experimentación in vivo, evidentemente son los animales. Pero, ¿de dónde provienen estos?, ¿quiénes se encargan de “surtir pedidos” de animales a los institutos, hospitales y escuelas? Revisemos.
Como ya hemos señalado, se estima el uso anual de más de 500 millones de animales para investigación; sin embargo, esta aproximación  sólo toma en cuenta aquellos utilizados en los experimentos, no contempla los criados para tales fines. Los animales reproducidos para abastecer laboratorios, cuando se vuelven un excedente o no alcanzan el estándar de "animal de laboratorio", son sacrificados. Si se añadieran estos animales a las estadísticas anuales, el número total de involucrados en la experimentación, aumentaría a varios miles más.
Los animales en los experimentos son vistos como instrumentos de laboratorio. Las empresas  los venden a través de catálogos como otros  productos intrínsecos del quehacer científico, haciendo énfasis en la entrega rápida y fácil "del pedido", los animales pueden contar con virus, bacterias o mutilaciones requeridas por el comprador, son los llamados "animales a la carta". Las compañías dedicadas a la crianza y venta, reproducen en su mayoría roedores, los cuales representan entre un ochenta y noventa por ciento de las especies utilizadas en los laboratorios. El uso constante de roedores, afirma la bióloga Nuria Querol, no se debe propiamente a razones científicas (anatómicas, metabólicas o inmunológicas), sino a cuestiones prácticas: son fáciles de manejar, baratos de mantener  y adquirir, ocupan menos espacio y una hembra puede producir de cincuenta a cien crías al año.
Ana María Reyes, químico técnico, ex empleada del área de toxicología de la Facultad de Medicina de la UNAM, comenta respecto al uso de roedores: "Principalmente, en toxicología se trabaja con ratones y ratas, nosotros lo hacíamos no porque fuera el mejor tipo de animales para sustituir al organismo del hombre, sino porque es muy sencillo conseguirlos y cuesta poco mantenerlos".


Harlan México

Una de las principales multinacionales, productora de equipo, alimento y venta de animales para experimentación, es Harlan. Fundada en Estados Unidos, en 1931, tiene sucursales en el Reino Unido, España, Alemania, Italia, Francia, Israel, Holanda y México. Vende aproximadamente a treinta países, incluyendo compañías farmacéuticas, bioterios, universidades e instituciones del gobierno. Sus especies reproducidas son perros beagles, cerdos miniatura y, por supuesto, roedores, los cuales, en la tasación de animales, descuellan en más de doscientas cepas y estirpes. La empresa ofrece ratas y ratones exogámicos, endogámicos (genéticamente idénticos), envejecidos, híbridos, mutantes, transgénicos y congénicos; además, hay hámsteres, gerbos  y cuyos.
En los noventa aparece Harlan México, S.A. de C.V., ubicada en Avenida Baja California No.161, colonia Roma, en el Distrito Federal. Uno de los principales promotores del uso de animales de laboratorio en nuestro país es el  veterinario zootecnista Ciro Lomelí  y Flores, director general de Harlan México. Egresado de la Facultad de Veterinaria de la UNAM,  también es editor y director en México de Animales de Experimentación, revista hispanoamericana de divulgación, como su nombre lo indica, sobre experimentos con animales.
En 1998, Ciro Lomelí y Hal Harlan (accionista mayoritario de la empresa) visitaron el bioterio de la Facultad de Química en Ciudad Universitaria con el objetivo de   remodelar las instalaciones y firmar un convenio, surge así el Centro UNAM-Harlan para la Producción de Animales de Laboratorio, ubicado en la planta baja de la Unidad de Experimentación Animal de la facultad.  El centro comenzó a funcionar en marzo de 2001 y en junio inició la comercialización de los animales (roedores). El Centro UNAM-Harlan vende miles de ratas y ratones a la semana a los principales laboratorios farmacéuticos del país, a otras universidades y a los institutos de Biotecnología, Neurobiología y Biomédicas, a la propia Facultad de Química, a Juriquilla y a Cuernavaca. Asimismo, exporta a Estados Unidos productos de origen animal como sueros y glándulas salivales; y a Brasil y Panamá, animales vivos.
Harlan además de vender roedores convencionales, ofrece animales manipulados, como son ratones transgénicos inoculados con el virus del SIDA, VIH. Para saber su precio, el laboratorio o investigador debe solicitarlo directamente a las oficinas. Si al cliente no sólo le interesa un animal de determinada cepa o raza, sino con alteraciones quirúrgicas como extirpación del timo e hipófisis, lesiones en la médula, en el bulbo olfativo y ligadura de arterias y venas, deberá pagar lo marcado en la siguiente lista.



TIPO DE CIRUGÍA                                                            PRECIO POR ANIMAL                                                                                                 

RATAS
RATONES
Desmedulación Adrenal
$8.40
$13.20
Adrenalectomía (extirpación de las glándulas suprarrenales)
5.95
7.80
Ligadura del Conducto Biliar
14.30
-----
Canulaciones:
Conducto Biliar (Extremo libre)
30.10
-----
Conducto Biliar (Asa Continua)
45.25
-----
Arteria Carótida
30.10
-----
Arteria Femoral
30.65
-----
Vena Femoral
30.65
-----
Vena Yugular
28.25
-----
Combinación de los anteriores

Solicite Precios
Castración
4.90
4.90
Hipofisectomía (extirpación de la hipófisis)
8.40
-----
Histerectomía
7.25
7.25
Implantes (Subcutáneos)

Solicite Precios
Nefrectomía (extirpación de riñones)
8.40
6.70
Bulbectomia Olfatoria (lesión en el bulbo olfativo)
11.55
-----
Ovariectomía
5.35
5.60
Ovariohisterectomía
7.25
7.25
Pinealectomía (extirpación de la glándula pineal)
9.65
-----
Sialectomía
10.25
11.80
Esplenectomía (extirpación del bazo)
6.35
7.85
Timectomía (extirpación del timo)
21.00
-----
Tiroparatiroidectomía
8.40
12.60
Vasectomía
8.40
9.15


El Centro UNAM-Harlan, dependiendo de la cepa, sexo y edad,  maneja también los precios de cada ejemplar. Los más accesibles se encuentran entre 12 y 18 pesos; los más caros, alrededor de 100 pesos. Para los estudiantes de la Facultad de Química hay descuentos hasta del sesenta por ciento.
Una vez solicitado el pedido, los cargos por envío se pagan por adelantado. Dependiendo del tipo de caja y del peso de los animales, así como la distancia -independiente de los cargos aduanales-, será el costo. La empresa recomienda al comprador, señale al momento de ordenar, si el producto requiere alguna alteración específica, de esta manera "recibirá los animales con la condición que usted especificó", garantiza el departamento de ventas.
En nuestro país, Harlan no produce perros beagles y cerdos miniatura, sino la casa matriz en Estados Unidos. Sin embargo, México, como otros países, puede solicitar pedidos e importar estos animales. Los perros beagles es la raza canina más reproducida por las compañías dedicadas a abastecer a los laboratorios, debido a su comportamiento extremadamente noble y a su tamaño manejable en los experimentos donde se utilizan animales más grandes.


Colaboración de los antirrábicos



Cuando los laboratorios, las escuelas y los bioterios de hospitales y centros de investigación  no tienen suficiente presupuesto para adquirir un perro o un gato de criadero de las empresas dedicadas a la producción de animales, cuentan con una socorrida alternativa, en la cual no lidian con gastos de envío y de embalaje, no hacen los pedidos con tiempo, ni pagan en un lapso señalado por una empresa. Todo este proceso es simplificado por la participación de las perreras o centros antirrábicos. 
La donación de animales por parte de los antirrábicos para fines experimentales se observa más acentuada en países donde la subvención para investigaciones se encuentra limitada, esto no descarta que países como Estados Unidos e Inglaterra no obtengan animales de tales lugares. En 1998 se suscitó un escándalo en Francia cuando se hallaron en laboratorios, gatos caseros con sus collares y placas, los cuales habían sido abandonados en antirrábicos. Y en Estados Unidos, el doctor James Wyngaarden, del Instituto Nacional de Salud, reveló en la revista American Medical Association la captura por parte de las perreras de doscientos mil gatos y perros cada año para enviarlos a experimentos.
En los antirrábicos de nuestro país está totalmente extendida la entrega de animales para investigación, pero ¿qué hay en torno de un centro antirrábico? ¿Cumple exclusivamente con funciones sociales para las cuales fue creado? ¿Cuál es la situación de los animales adentro y cómo se maneja su entrega a los laboratorios?
A lo largo y ancho de la República Mexicana existen perreras municipales, en el Distrito Federal se encuentran nueve antirrábicos y seis en la zona conurbana. "Lo primero que debemos mencionar, es que los centros antirrábicos no existirían si las personas fuéramos responsables", afirma la doctora Bertha Camila García, quien fue coordinadora del Programa de Antirrábicos y Socorrismo de la asociación civil Comité Pro Animal, para referirse a la problemática social de los miles de perros y gatos abandonados en vía pública, a causa de la irresponsabilidad de la población civil.
Cuando los centros de control canino recogen perros en vía pública, deben llevarlos a sus instalaciones y esperar un tiempo –generalmente, tres días- en el cual los propietarios del animal puedan ir a reclamarlo y pagar una multa para sacarlo del lugar. Sin embargo, Comité Pro Animal, AASCHA, Fundación Hagckenberg, Protectores Independientes de Animales (PIA), y anteriormente Asociación Nacional para la Aplicación de Leyes de Protección a los Animales (ANPALPA), han presenciado y recibido quejas de la ciudadanía sobre el actuar de los antirrábicos. De acuerdo a sus testimonios, se han observado camionetas  ejecutantes de  razzias, capturando animales con placa y collar o en condiciones que puedan señalar al perro con posibilidad de tener dueño, de esta manera el personal del antirrábico trata de asegurarse una gratificación económica a cambio de la vida del can.
La doctora García revela cómo un antirrábico atrapaba a los perros y los empleados estacionaban la camioneta hasta dos horas en la calle donde se realizaba la redada, para esperar a los dueños con el fin de pedirles dinero para devolverles sus animales. Al personal no le importaba si la razzia se llevaba a cabo en zona de rabia, simplemente donde veía  cierto número de perros buscaba negociar sin solicitar certificados de vacunación.
En otros antirrábicos, las multas se han elevado a cuotas en ocasiones inaccesibles para la gente. Y si los perros son de raza -ya sea capturados o entregados por el propio dueño- no son sacrificados, como debería ser, según lo marcan los lineamientos, sino son explotados para reproducción y venta. Es el caso del antirrábico de Tláhuac, donde el personal es el mismo desde hace quince años, y de acuerdo a quejas de personas a quienes les han recogido sus animales, no se los regresan, argumentándoles la alta peligrosidad de sus mascotas, las cuales, aparentemente serán sacrificadas. "Pero no lo hacen. Ahora ya no son solamente los criaderos clandestinos en Tepito o los establecidos, los que explotan a los perros, sino ciertos antirrábicos", enfatiza la doctora García. Esta actividad es contradictoria, señalan las organizaciones de bienestar animal, porque el objetivo de los centros de control canino es, justamente, controlar la sobrepoblación canina, no fomentar la reproducción.
Dentro de los actos ilícitos de  las perreras en el Distrito Federal, está la donación de perros y gatos para las instituciones de investigación, éstas siempre ofrecen algo a las primeras, puede ser dinero o artículos, a cambio de animales. "Tenemos conocimiento de un antirrábico, que inclusive en época navideña recibe hasta su caja de bebidas alcohólicas", comenta la Dra. García para referirse a la especie de "trueque", como ella lo llama, entre las instancias de investigación y los antirrábicos. De hecho, es uno de los motivos para realizar redadas caninas: la entrega de animales a laboratorios.


"La antesala del infierno" [1]

Al escuchar los chillidos frena su carrera y gira hacia la dirección de donde huía, con la cabeza y orejas erguidas, y las fosas nasales extendidas, mira la situación, lo han capturado, su instinto la impulsa a salvarlo, pero es tarde, ni siquiera ella puede ahora escapar, unos segundos de confusión bastan para lazarla. Minutos antes se encontraba echada sobre la banqueta con su cachorro de tres meses, su camada nació con seis miembros en unos tubos de drenaje olvidados en la calle, pero sólo sobrevivieron cuatro, dos se los llevaron unos niños, quedando un par más. Ella hace un tiempo tuvo un hogar, pero sus dueños se cambiaron de vecindario, dejándola abandonada en la vía pública; sin embargo, una vecina  diariamente se encarga de proporcionarle alimento y llenarle con agua una bandeja amarilla atada a un árbol.
Es una perra de talla mediana, robusta, sus cachorros también están regordetes, gracias a la manutención de la señora interesada en proporcionarles una parte de bienestar. Es jueves, casi mediodía, el calor arrulla a la madre y a su cría, la otra no está, quizá se halla quedado en el tubo donde nació, lo identifica como refugio y algunas veces no acompaña a su hermano y progenitora, hoy es una de esas ocasiones, no siguió a su familia, la cual no regresará más a descansar al tubo. 
El entresueño de la perra y su cachorro se interrumpe ante los sonidos de alarma. La camioneta se estaciona con un rechinar de llantas, bajan dos hombres con rapidez, uno jala la trampa atorada en la jaula donde yacen ocho perros, el otro, eleva en círculo el lazo para capturar a un perro blanco, pero falla. Las feromonas desprendidas por la angustia de los perros enjaulados y por aquél que escapó, llegan al sensible olfato de la hembra, quien ya incorporada huye al ver acercarse con cautela, al hombre con la trampa en manos. No tan ágil como su madre, el cachorro es cercado, se repliega al suelo con las orejas hacia atrás, el lazo de la trampa ciñe su pequeño cuello, al sentirlo llora y se retuerce. Sin mayor esfuerzo, el empleado lo levanta en vilo con el instrumento de captura y lo arroja con los demás animales.
La hembra, desconcertada, al retroceder y acercarse a la camioneta atraída por su cachorro, ha quedado entre ésta y el otro lazador, mira de un lado a otro. Sin demora, el  lazo cae sobre su cabeza. Mastica la cuerda, entonces es jalada hacia el suelo, momento en el cual otro lazo la prende de las patas traseras, se revuelca y jadea. Un empleado maneja los extremos de ambos lazos, mientras el otro abre la compuerta de la jaula... uno, dos, tres, tiran de los lazos y el cuerpo maniatado es azotado contra las rejas. Cierran rápido la jaula, la parte final de la cola no ha entrado y es prensada, surge un lamento atroz. Los perros adentro, unos se inquietan, otros se arrinconan. Los lazadores, bajo las miradas de los curiosos transeúntes, se deslizan en sus asientos y cierran las portezuelas. Una joven se acerca, les pide no se lleven a "Osa" y a su cachorro, la respuesta es un motor en marcha.
"Osa" y los demás perros son llevados a "la antesala del infierno", donde una vez ingresados y no ser rescatados por sus dueños, sus destinos tienen tres posibles direcciones.
Una, en un lapso de tres días serán sacrificados. Durante su estancia, en varios antirrábicos no les proporcionan agua y alimento. Los métodos autorizados para sacrificio de perros y gatos por la Norma Oficial Mexicana NOM-033-ZOO-1995 son, el aparato eléctrico y el pistolete, el primero consiste en colocar una pinza en el bulbo raquídeo (zona del cerebelo) y otra en la base de la cola (columna vertebral), ambas conectadas a cables, la muerte se produce por descarga eléctrica; el segundo método es disparar un émbolo oculto en forma de clavo, en el punto de cruz ubicado en la base frontal de la cabeza.
Los dos métodos implican sufrimiento para los animales, dadas las condiciones de estrés en las que se encuentran, su manejo es más difícil. El pistolete debe ser un disparo exacto en el lugar correspondiente, de no ser así, produce un dolor agudo en la víctima, además del derramamiento abundante de sangre; con el aparato eléctrico es necesario humedecer con agua sólo las partes del cuerpo donde se colocarán las pinzas, esto difícilmente llega a suceder, o bien lo mojan todo o lo dejan seco, el animal muere quemado tras varias descargas fallidas.
La eutanasia con barbitúricos también está señalada, sin embargo se realiza en menor escala, dada la carencia de medios económicos para adquirir medicamento y pagar a personal capacitado. Las organizaciones de ayuda animal son quienes aplican este método, tras buscar el diálogo con las autoridades sanitarias y de los antirrábicos para poder entrar y supervisar a éstos. Para realizar este trabajo, las asociaciones civíles no reciben apoyo monetario de las instancias gubernamentales, es la misma agrupación quien cubre los gastos con sus medios para adquirir los medicamentos.
Otras formas de sacrificio no autorizadas pero ejecutadas, sobre todo en perreras municipales, son las siguientes: envenenamiento, cámara de gas -la cual requiere quince minutos para la pérdida de conciencia y treinta para provocar la muerte-, ahorcamiento y muerte producida por golpes.
El segundo fin que puede tener un animal en estos centros, es el de su venta y reproducción. Cuando llega un perro de raza en buenas condiciones, hembra o macho, los empleados no siempre  hacen el reporte de ingreso. Pueden venderlo a personas dedicadas al comercio de perros, ya sea en vía pública -actividad ilícita- o en locales establecidos; alquilarlo como semental si es macho y, si es hembra, reproducirla para venta de cachorros. Sobra decir que durante este proceso los animales se deterioran y adquieren enfermedades.

Un tercer fin de los perros y gatos en los antirrábicos, es la donación a laboratorios. "El maltrato que los centros antirrábicos cometen  con los animales empieza desde su captura y manejo, los tienen sin comida y sin agua, hasta otorgarlos a instituciones de experimentación, en donde su muerte es lenta y dolorosa", asevera la doctora García, quien antes de ser miembro de Comité Pro Animal  y supervisar los sacrificios en antirrábicos, fue médico de base en el Hospital General de México. Durante su estancia rescató un perro del bioterio, al cual le habían practicado los cirujanos plásticos, suturas en el corte de orejas; los gastroenterólogos le extrajeron la mitad del estómago en una gastrostomía parcial; los médicos de servicios de urgencias le hicieron una traqueotomía; y otros más realizaron una venovisección (localización de una vena por medio de una incisión para llegar directamente a ella por debajo de los tejidos). Un total de siete prácticas quirúrgicas fueron realizadas en el organismo del animal.
El uso de tantos perros y gatos en protocolos de nuestro país se debe, en gran medida, a la facilidad otorgada por los antirrábicos. Los animales de estos centros son catalogados como de "desecho", sobre los cuales no se aplica ética o responsabilidad alguna, por lo tanto son enviados como "material" de práctica experimental: "...si el investigador o estudiante, lo hace bien o mal, si la evolución de la cirugía es o no la adecuada, si la anestesia sobrepasa o no la dosis, no importa, ya que se está trabajando sobre un animal que nadie va a reclamar, para eso se lo dieron." Al no representar mayor dificultad su obtención, los animales del antirrábico no son valorados ni en términos económicos en el experimento. "Me tocó ver morir perros en estado de putrefacción, les hacían transplantes de pulmón y al no aplicarles dosis adecuadas para evitar el rechazo del  órgano ajeno, se les gangrenaba, al igual las suturas. Es una manera terrible de morir", enfatiza la rescatista de la organización civil en torno a los animales donados.
El animal proveniente del antirrábico y destinado a experimentación, padece doble sufrimiento. Primero porque es sometido al maltrato durante la captura, donde lo jalan, azotan, patean y lo vuelan con el lazo hacia la camioneta. Para los lazadores, "entre más emocionante sea la captura, es mejor". La doctora habla sobre la actitud de los empleados:

... muchos son castigados de otra dependencia del mismo municipio o delegación, como hay un sindicato que los ampara, sus patrones no pueden despedirlos aún cuando sean corruptos, indisciplinados o alcohólicos, entonces, ¿cómo solucionar el problema? Mandándolos  a los centros antirrábicos. No todos son así, pero con frecuencia, los mandan como castigo a trabajar en estos sitios.

Hasta compiten y hacen apuestas por maltratar más a los animales. Cuando los avientan al interior del vehículo donde salen a realizar las redadas, no hay precaución en separar hembras en celo, bullterriers u otros perros dominantes, ante la situación de estrés se lesionan severamente durante el trayecto: "A veces nos llegan asfixiados, con costillas rotas, extremidades fracturadas o muertos por las riñas".
Ya en la perrera, el animal resiente el ambiente, extraña su espacio, su alimento y el contacto con sus dueños o personas quienes le proporcionaban un mendrugo de comida si vivía en la calle. Algunas jaulas individuales llegan a tener veinte perros, pero también las hay comunales,  la parte trasera de la camioneta es comunicada con éstas. Para bajarlos son lastimados con varillas. Dentro de la comunal pueden permanecer seis u ocho días. Después, algunos son sacrificados y otros recogidos por los laboratorios o universidades. Una vez más, para subirlos al transporte de la instancia solicitante y bajarlos a su llegada, son maltratados. Dependiendo, de los criterios de la institución, serán los días de cuarentena, entonces, después de casi un mes de su captura pasan "a lo peor de lo peor... comienza su vía crucis".
El segundo padecimiento, el más doloroso para el animal, inicia con el tipo de práctica experimental. Según sea el área o especialidad médica, serán destinados los animales, por ejemplo, el Instituto Nacional de Cardiología solicita a los antirrábicos treinta perros cada mes para cirugías y trasplantes; mientras el de Neurología, emplea gatos para colocación de electrodos invasivos en cerebro.
Las autoridades de las instituciones de investigación, en ruedas de prensa o en foros, como el acontecido con relación al artículo de la Ley de Protección a los Animales, donde prohíbe a los antirrábicos donar animales para experimentación, afirman que los animales no son maltratados y la forma de sacrificio es humanitaria. Pero, de acuerdo con las asociaciones de ayuda animal, no hay manera de corroborar estas versiones porque  no hay  en nuestro país algún organismo responsable para inspeccionar las condiciones y sacrificio en los laboratorios y universidades. Las organizaciones no gubernamentales han ofrecido su apoyo para llevar a cabo dicha supervisión, sin embargo constantemente se encuentran con los muros representados por las autoridades de cada centro de investigación. Y aun cuando existen comités de bioética y vigilancia, éstos no cumplen con su cometido, pues están compuestos por los mismos médicos e investigadores de las instancias. En este sentido, el consenso de criterios de una visión interdisciplinar, una de las bases de la bioética, no se aplica.
Pero no sólo los antirrábicos pueden abastecer de animales domésticos a los laboratorios, hay grupos o personas dedicadas a comprar o robar. En España, organizaciones de ayuda animal han identificado camionetas paseando perras en celo para atraer animales, los cuales al acercarse son capturados y subidos al vehículo. En el Instituto de Neurología de la ciudad de México, una manera de obtener gatos es a través del “gatero”, persona que atrapa a los felinos de colonias aledañas, para después venderlos al laboratorio del recinto hospitalario. Miles de animales de compañía desaparecen cada año sin que sus dueños sospechen jamás el terrible destino que les espera.
La donación de animales para los laboratorios por parte de los centros antirrábicos, al ser una actividad prohibida por la Ley de Protección a los Animales en el Distrito Federal, necesita una supervisión rigurosa, como afirma la doctora García. Pero no sólo es trabajo de las asociaciones civiles el velar por la ley, sino de las propias autoridades sanitarias en función de un auténtico control de los animales empleados en investigación; y, finalmente, de la participación activa de la ciudadanía sobre la responsabilidad de un animal de compañía, al no abandonarlo o permitirle deambular en vía pública, y controlar su reproducción a través de la esterilización (de una sola hembra en un lapso de siete años, su descendencia supera los cuatro mil individuos, en la ciudad de México, se estima que por cada diez habitantes, existen seis perros). La sobrepoblación canina y felina es una problemática de orden social, resultado de la ausencia de políticas educativas en la sociedad. El abastecimiento de animales provenientes de perreras para experimentos y sus implicaciones es una de las aristas insertadas en el tema.
Finalmente, para hacer un balance crítico de la experimentación con animales, es conveniente no confundir el valor de la ciencia con la empresa científica. Detrás del objetivo legítimo de velar por la salud humana se ha erigido y amparado una industria de la experimentación con animales. Industria motivada por intereses económicos muy fuertes, convirtiendo a la medicina en un juego de números.
Sin embargo, el propio avance de la ciencia y la tecnología ha permitido crear modelos substitutos de animales, fomentando el progreso científico bajo métodos rigurosos y costoeficientes. Su auge dentro de las áreas experimentales depende, en gran medida, del cambio intelectual y moral de los investigadores y de todos que contemplan que el modelo animal es el mejor camino de la ciencia experimental.

** Este reportaje fue parte del trabajo de investigación de titulación de la periodista Liliana Dircio y apareció publicado para su difusión en el primer número de la revista Tiempo Animal.

Lectura recomendada:
Historieta We 3 (Nos 3), realizada por Grant Morrison y Frank Quitely, plantea el uso de animales domésticos extraviados que terminaron en un experimento militar estadounidense. La historieta se encuentra en la red sólo en inglés, pero puedes solicitar la versión en español a dircioazul@gmail, y se te enviará en archivo electrónico.


[1] Con este nombre, las organizaciones de ayuda animal se refieren a los antirrábicos por el dolor y sufrimiento albergados en tales lugares, son la estancia previa de los perros y gatos antes de ser trasladados a los laboratorios. El “infierno mismo” lo constituye, precisamente, los centros de experimentación, donde los animales mueren, después de ser capturados y sometidos a una serie de torturas.